Alondra de la Parra: Pasión por la Vocación

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¡Qué difícil es saber cuál es nuestra vocación! Por ello son tan afortunados los casos que descubren su vocación desde muy temprano en la niñez y, luego, logran una vida dedicada al desarrollo de ese talento.

Un caso admirable es el de Alondra de la Parra, nuestra elogiada pianista y directora de orquesta de reconocimiento internacional. Ha dirigido la Orquesta Sinfónica Nacional, la de Minería y varias Orquestas Estatales: Jalisco, Aguascalientes, Estado de México, Sinaloa, Puebla y Xalapa.

En el plano internacional ha dirigido “más de 100 de las Orquestas más prestigiosas del mundo”, entre ellas: London Philarmonic Orchestra, la Orchestre de París, Tonhalle-Orchester Zurich, Sao Paulo Symphony Orchestra, Berlin Radio Symphony Orchestra, etc.

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¿Es Coherente tu Empresa?

 

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Cuando se nos agotan las posibilidades de crecimiento o sentimos que el mercado se nos está cerrando, o con mayor precisión, cuando disminuyen las ventas en forma alarmante, tenemos que regresar a revisar ciertos puntos clave, tal vez, hemos perdido coherencia en nuestra toma de decisiones y/o en nuestras acciones cotidianas. ¿Cómo saber si tu empresa es coherente?

La PROPUESTA ÚNICA DE VALOR (PUV) debe ser la resultante de una declaración de MISIÓN bien definida. Siempre hay espacio para ser innovadores si contamos con estas dos fuentes de inspiración: la razón de ser de tu organización y el valor que ofreces.

La misión y la propuesta de valor son nuestros faros, esos no cambian, son nuestras operaciones las que deben ajustarse cotidianamente para no perder presencia en el mercado. Allí está el espacio para la creatividad. La base es una acertada formulación estratégica.

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El Desafío de Hablar en Público

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Era un 5 de enero, hace varios años, que me puse a buscar en el Directorio Amarillo un curso de hablar en público. Me urgía. Cerré el año anterior con un par de clases que impartí de Teoría Económica. Me sentí fatal y tuve la sensación de que los alumnos habían padecido mi clase, tal vez, más que yo.

En aquel año fui invitado por mi jefe, el licenciado Miguel Ángel Díaz Cerecer, para ser su maestro adjunto y dije que sí. Todo iba muy fácil, mi apoyo consistía en pasar lista y organizar algunas pequeñas cosas que él me encargaba.

El día menos pensado me dijo: “el próximo lunes no podré dar la clase, se la encargo, ya usted sabe cuál es el tema”.

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