Segunda Estrategia para Combatir el COVID-19

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Estamos analizando el caso de Corea del Sur. Por cierto, sus vecinos, Corea del Norte no tiene casos. Es lo típico de economías de izquierda. Toda información debe ser controlada. A China se le soltó la información porque el oftalmólogo que llegó a tratarse a ese hospital observó la cantidad de enfermos que estaban con una tos que los desbarataba, se le ocurrió grabar escenas para enviárselas a su familia. Nunca tuvo la pretensión de armar un escándalo. Sin embargo, los familiares sí difundieron las imágenes y a partir de ese primer paso fueron muchos los que se enteraron obligando a las autoridades a brindar información. Eso provocó la reacción.

¿Cómo fue que actuó Corea del Sur? A partir de que surgió el primer infectado que vino de China, comenzaron a establecer controles enérgicos en aeropuertos y aduanas, de modo que todas las personas que entraban al país eran checadas. Si encontraban síntomas las enviaban a algún hospital.

La ESTRATEGIA COREANA consiste en los siguientes pasos:

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El Líder es el Líder… ¿Y Qué?

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Existe un debate muy serio entre sociólogos y politólogos acerca de la fortaleza de las instituciones, sean públicas o privadas. Tal pareciera que si una institución existe no hay nada que pueda cambiarlas o derribarlas.

Mi experiencia documentada me lleva a la conclusión de que esto es falso, completamente falso. Todo es cuestión de tiempo. Mucho de él se requiere para crear, dar forma y fortalecer una institución. Lo que toma años crear, puede ser destruido en meses.

La institución presidencial de los Estados Unidos es sumamente poderosa y sus contrapesos también lo son. No hay duda, pero ello no significa que las instituciones puedan sostenerse por sí mismas.

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¿Qué Clase de Cultura Organizacional estás Creando?

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Fungía yo como Director Comercial en una empresa alimenticia del Estado (paraestatal), mi jefe solía enamorar a las colaboradoras más jóvenes y guapas. Las invitaba a comer y les hacía regalos ostentosos, a cargo de la empresa. Él se sentía galán, aunque no tenía por qué, traspasaba la cincuentena, la barriga y algunas canas lo delataban. Pero ya lo dijo Henry Kissinger: “El mejor afrodisíaco es el poder”. Este jefe era poderoso. No era respetado, pero sí temido. No padecía úlceras, pero sí las provocaba. Era un martirio trabajar para él.

Con toda franqueza me sentía incómodo con un jefe así. Tal vez me daban celos, o la razón que fuera, pero no me parecía ético que él aprovechara su posición para comportarse de esa manera. Tuve que irme a buscar otro trabajo.

Ahora bien, la célebre empresa de encuestas, Gallup, analiza en su base de datos, de más de cuatro millones de grupos de trabajo, y nos dice “la forma en que son percibidos los líderes a lo largo de la empresa es una consecuencia de la forma en que son percibidos los diversos equipos de trabajo”.

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