Escucha el podcast: Felicidad a tu Alcance: Hábito No. 14 Saborear

La vida se nos pasa volando, nuestros niños de repente son jóvenes y luego señores. El ajetreo de cada día nos sumerge en un oleaje que lo mismo nos hace disfrutar de momentos plácidos que luego se transforma en movimientos precipitados que nos arrojan hacia afuera. Juan Gabriel nos dice en una de sus canciones: “Dios perdona a todos, pero el tiempo a ninguno”.

En este programa de Felicidad a tu Alcance hemos identificado un hábito que nos ayudará a sortear los momentos agitados y por ello te pido que anotes en tus tres post-its el título de tu nuevo hábito VOY A SABOREAR todo lo que viva hoy.

Imagínate que estás ante el platillo del día: unas deliciosas enchiladas de pollo con mole oaxaqueño, comienzas a comerlo al ritmo acostumbrado, que seguramente es apurado. Terminas tu dotación y pides otra enchilada. Antes de que te des cuenta, te sientes completamente satisfecho. Tal vez hasta te duele el estómago. Engulliste, pero no saboreaste.

Veamos otra opción, ante las mismas enchiladas de pollo con mole. Comienzas, pero te haces el propósito de disfrutar a fondo tu comida y te dices VOY A SABOREARLO. Cada bocado lo degustas, extraes los deliciosos aromas y gustos de cada porción de mole, paladeas lo que comes, lo masticas lentamente. En vez de durar cinco minutos, lo alargas a unos deliciosos veinte.

Te sugiero que para acompasar el ritual de la comida: después de cada bocado, mientras paladeas y disfrutas, sueltas los cubiertos y los abandones al lado del plato. Retomas los cubiertos y vas tras otro bocado para repetir en un rítmico ritual toda tu comida disfrutando cada minuto. Hasta es probable que ya no necesites otra enchilada más.

Imagínate que estás entrando a la ducha. La regadera está perfectamente ajustada a tu gusto, nada caliente en extremo y tampoco fría, totalmente a tu gusto, te dices VOY A SABOREARLO, te colocas debajo de ella y sientes cómo el agua se desliza suavemente acariciando tu piel, disfrutas el contacto con el agua y sientes un despertar que te agrada y te prepara para gozar a fondo del nuevo día.

Imagínate que estás en la mesa del comedor, a punto de disfrutar del desayuno, gozas de la compañía, nada mejor que estar junto a tu pareja y tus hijos, les haces plática, una que otra broma, uno que otro comentario sobre la comida, pero con plena conciencia de la bendición que significa tener a tu lado a tus seres queridos, te abres mental y espiritualmente para disfrutar con plenitud ese momento en que SABOREAS dicho instante.

Imagínate que llegas al trabajo y saludas a tus compañeros, tienes una breve y amistosa plática, una que otra broma inocente y simpática, te sientas en tu lugar y te dices VOY A SABOREARLO, te dispones a pasar un día de trabajo sensacional, alegre y con un gran estado de ánimo. Llevas un objetivo claro para una tarea específica y te dispones a emprender tu tarea.

Imagínate que estás de regreso en casa, leyendo el libro que dejaste a la mitad el día anterior acompañado de la música que te fascina, te dispones a SABOREAR los agradables sonidos que llegan hacia ti y sientes la textura del papel en que viene impreso tu libro. Todo lo que te rodea te hace vibrar porque estás disfrutando de un momento placentero.

Imagínate que llegas al gimnasio, sientes el aroma típico y disfrutas viendo a tus amigos con qué gran entusiasmo realizan sus ejercicios, estás listo para emprender tu jornada y piensas VOY A SABOREAR mi momento de sentir cómo mis músculos se estiran y fortalecen.

Imagínate que estás en una reunión de amigos. Te dispones a SABOREAR el encuentro, llevas una gran actitud porque tienes muchas cosas que contarles y estás ansioso por compartir momentos de gran amistad. Todos tus amigos se alegran de verte y tú te alegras de verlos a ellos, establecen una armónica sintonía de afectos para hacer del encuentro un evento memorable.

Imagínate que vas al parque con tu familia y te dices VOY A SABOREARLO de modo que disfrutas la caminata, aspiras el ambiente húmedo que se respira y hasta puedes identificar los aromas que llegan a tu olfato para hacerte sentir la belleza de un día luminoso.

Otro aspecto que debemos cultivar es el de brindar atención a lo que hacemos y vivimos en cada momento, esto proviene de la influencia budista que a través de la atención plena (mindfulness) logremos desconectarnos de las presiones cotidianas y darnos un relax para sentirnos mejor.

Fred Bryant y Joseph Veroff, investigadores de la Loyola University han planteado esta técnica para aplicarla cotidianamente y forjar el hábito de saborear los distintos momentos del día. A través de varios experimentos han confirmado que al aplicarlo uno se libera del estrés, calma sus nervios, está menos enfadado y se siente fortalecido para realizar sus propósitos del día. Este hábito incorporado a nuestra forma de vivir nos pone la felicidad al alcance.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

ÁNGEL GANIVET: En todas las cosas de la vida se puede encontrar placer, si se sabe saborearlas.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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