Escucha el podcast: Competencia y Competitividad 

En México contamos con un Consejo de Normalización de Competencia Laboral y con una Comisión Federal de Competencia Económica, nada más claro para explicitar las dos acepciones de una misma palabra: competencia.

El diccionario nos dice que competencia es el acto y efecto de competir y que competir es contender dos o más personas por una misma cosa.  En esta acepción, competencia es una confrontación por obtener algo que deseamos ganándolo frente a otro.  Si te casaste con una mujer guapa que tenía muchos pretendientes y tú conseguiste hacerla tu esposa, entonces ya sabes lo que es competencia (tal vez ahora te arrepientes, pero eso es aparte).

¿Por qué necesitamos una ley para esto? Por los abusos. El pez grande se come al chico.  En la arena de los negocios hay personas que han tenido la habilidad de moverse como peces en el agua y han acumulado fortunas que les permite absorber negocios que compiten con ellos, hasta quedarse solos y convertirse en monopolios.

Esas habilidades incluyen relaciones políticas, contactos, contubernios (alianzas vituperables), sobornos, extorsiones, evasión de impuestos, o por el camino del bien, incluyen capacidades de negociación, gran visión para los negocios, olfato para oler oportunidades, etc.

En un mercado siempre encontraremos a personas que logran capitalizar sus oportunidades mejor que otros y puede ser que avancen y avancen hasta el grado de ser dominantes, tanto que pueden fijar precios preferenciales que hacen crecer sus utilidades más allá de lo que alcanzan sus competidores.

Pues bien, el día 7 de julio de 2014 entró en vigor en México la nueva Ley Federal de Competencia Económica con la encomienda de ser “el guardián de los mercados” a través de la Comisión correspondiente (COFECE).

¿Podrá actuar para impedir que tantos consumidores prefieran Coca-Cola en vez de Pepsi-Cola? ¿Nos defenderá de las tarifas abusivas de internet? ¿Nos protegerá de las cuotas elevadas de la televisión por cable?

La COFECE nos dice que cuenta con “nuevas disposiciones para eliminar barreras a la competencia, en particular en los sectores en donde hace falta presión competitiva”.

Lograr mercados con competencia es tarea de todos los actores y de todos los niveles y órdenes de gobierno, afirma, pero ¿lo logrará? Se trata de corregir comportamientos y estructuras de mercado adversos a la competencia y eso no es fácil, porque quienes dominan un mercado cuentan con los recursos para impedir intervenciones que les arrebaten tajadas de ese mercado que los ha hecho poderosos.  No habrá manera alguna de realizar la tarea con acciones de buena voluntad.

Las aspiraciones que expresa se antojan promesas que merecemos sean cumplidas: “Queremos consumidores más satisfechos, que reciban más variedad de productos y servicios, innovadores, con calidad y a precios adecuados”.

“Queremos que las empresas que operan en el país sean exitosas, muy exitosas, teniendo acceso a insumos fundamentales de sus cadenas productivas a precios competitivos. La competencia genera círculos virtuosos de calidad, innovación y empleo que nos beneficia a todos”.

La competitividad, la capacidad de competir, requiere un terreno parejo y eliminar las distorsiones que se han ido presentando a lo largo de los años. Se requiere una autoridad firme para corregir esas distorsiones, para establecer reglas que beneficien a la sociedad en su conjunto.

Se trata de permitir un ambiente de negocios donde triunfen quienes cuentan con las mejores capacidades y condiciones, en un medio transparente donde desaparezcan los actos sospechosos de contubernio entre empresarios y funcionarios públicos. En el futbol intervienen los árbitros, no siempre son justos en sus decisiones, favorecen a unos y perjudican a otros. Todo ello sin mala intención, eso dicen.

Se nos dijo que la nueva Ley Federal del Trabajo generaría más de 600,000 empleos adicionales cada año y ¿qué ha pasado?  Nada. La ley tributaria y fiscal ha rendido frutos para el gobierno al ver incrementados sus ingresos, pero el público consumidor y empresarial sólo ha visto perjuicios. Si así son las consecuencias de las leyes de telecomunicaciones y energética, mataremos la esperanza de un país mejor.

Esta no es más que una invitación a reflexionar, aunque en el fondo sabemos que nada podemos hacer para mejorar la situación, solamente nos resta confiar en el buen criterio de nuestros legisladores.

En el siguiente artículo de este blog desarrollaremos la otra acepción de la palabra competencia. Anticipemos un concepto: la medicina para triunfar en la competencia económica es el desarrollo de la competencia laboral.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

Para competir con éxito es indispensable contar con terreno parejo: reglas claras aplicables a todos los competidores, justicia al dirimir conflictos y libertad de acción para dar lo mejor.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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