Escucha el podcast: Felicidad a tu Alcance: Hábito No. 2 Concentración Plena

En 1990 un psicólogo de origen croata escribió un libro interesante con el título de “Fluir, una psicología de la experiencia óptima” en español publicado por la editorial Kairós. Este psicólogo se llama Mihaly Csikszentmihalyi.

Fluir, nos dice Mihaly, es cuando nos sentimos totalmente involucrados en lo que estamos haciendo, es estar absorbidos totalmente en la tarea que tenemos entre manos, ya sea de trabajo o en un encuentro social. Estar fluyendo es esencial para penetrar en la esencia de lo que hacemos. Nuestro premio consiste en entrar en un estado de gratificación que nos produce felicidad plena.

¿Cuándo se detiene el tiempo para ti? ¿Cómo logras irte a las profundidades de tu ser? Para unos es la contemplación de una obra de arte, una pintura o el deleite de una pieza musical, para otros jugar un partido de futbol o de ajedrez o de dominó. La lectura de un libro apasionante puede muy bien producir el efecto de la fluidez. La inmersión es total. Cero distracciones. Pasa el tiempo y ni cuenta te das, es cuando logras concentración plena.

Te propongo un ejercicio: escoge una tarea de tu trabajo y al hacerla concéntrate detenidamente buscando la perfección al realizarla. Evita cualquier distracción. Puede durar unos minutos o una hora de concentración continua, sin parpadear. Al finalizar analiza tus sentimientos, qué fue lo que sucedió y cómo te sentiste. Es deseable que no hayas sentido cómo pasa el tiempo y tú tengas la sensación de haber logrado aplicar al máximo tus talentos y tu energía.

Otro ejercicio: asiste a un museo y busca una obra maestra, dedícale varios minutos de perfecta concentración tratando de penetrar la obra, disfrutándola intensamente. Puedes hacer lo mismo con la lectura de tu libro favorito. Si logras el éxtasis de disfrutar plenamente sentirás que fluyes con naturalidad y no sentirás el paso del tiempo.

En nuestra época se está recurriendo a fórmulas rápidas para conseguir la felicidad y lo que sucede es que esos placeres fáciles no son profundos, son placeres efímeros: la televisión, las drogas, las compras frecuentes, el sexo sin amor, los deportes por televisión, los helados, los chocolates y todo lo que altera los sentidos.

Lo que nos propone Mihaly es optar por la vida plena a través de la búsqueda de gratificaciones, haciendo a un lado los placeres rápidos y fáciles. Son efímeros. Disfrutables un instante, pero luego, hasta sentimientos de culpa nos ocasionan.

El placer es una fuente poderosa de motivación, pero no produce ningún cambio. Es una fuerza conservadora que nos hace desear satisfacer las necesidades que se experimentan para conseguir bienestar y relajación. Por el contrario, la gratificación no siempre es placentera y a veces puede resultar sumamente estresante, ejemplo: un gimnasta que practica ejercicios con un creciente grado de dificultad, conforme los realiza se concentra profundamente y al final obtiene un nivel de satisfacción que no puede brindarle ningún placer momentáneo. Nada se compara a la gratificación que se logra fluyendo con actividades desafiantes.

Mihaly nos dice “hace veintitrés siglos, Aristóteles llegó a la conclusión de que lo que buscan los hombres y las mujeres, más que cualquier otra cosa, es la felicidad. Mientras que deseamos la felicidad por sí misma, cualquier otra meta (salud, belleza, dinero o poder) la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices”. Mihaly nos plantea que fluir, el vivir la experiencia óptima, es el camino para llegar a la felicidad.

Al experimentar un estado de flujo debemos asegurarnos de haber establecido el equilibrio entre nuestra capacidad y las dificultades de la tarea por realizar. Debemos evitar la frustración que surge cuando las dificultades superan a nuestra capacidad. En el lado opuesto, debemos asegurar que el grado de dificultad sea un poco elevado para sentir el reto que significa un cierto desafío a nuestras capacidades, si nos resulta demasiado fácil no despertará nuestro entusiasmo y caemos en el aburrimiento.

Otro ejercicio: cuando tengas una plática con alguien que aprecias, escúchalo con la máxima atención, hazle preguntas y concéntrate en lo que dice, procura identificar el porqué de lo que dice, cuándo fue, cómo le sucedió lo que cuenta.

Cuanto más experimentemos la fluidez que genera la gratificación, menos deprimidos estaremos. Debemos esforzarnos por encontrar más gratificaciones, al tiempo de moderar la búsqueda de placeres instantáneos. Al distraernos y perder concentración acabamos cayendo en el “déficit de atención” que tanto daño nos hace. No existe tal cosa como ser multitarea (multitasking).

Fluidez es un estado de ensimismamiento. Nos hace correr un riesgo, aislarnos del mundo que nos rodea y recibir reclamos por no prestar atención a nuestra pareja, a nuestros hijos o a nuestros compañeros de trabajo, pero la clave es darle a cada uno su momento de flujo. Vivir constantes momentos de concentración plena y no incurrir en la dispersión distractora.

Mihaly nos dice: “La felicidad no es algo que sucede. No parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien de cómo los interpretamos. La felicidad es una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices”.

Te invito a aplicar LA FLUIDEZ y gozar de momentos intensos de felicidad.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

Mihaily: “Las personas con elevada fluidez tienen relaciones sociales más profundas y gozan de mayor éxito en la vida”

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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