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Escucha el podcast: Felicidad a tu Alcance: Hábito No. 1 Practicar Optimismo Diario

Quedamos que procederíamos a la GRAN TRANSFORMACIÓN de nosotros mismos y para ello habríamos de llevar a cabo la aplicación diaria de 14 hábitos, ¿lo recuerdas? Se trata de un hábito cada semana y su aplicación diaria es muy sencilla: escribiremos lo que nos proponemos en tres papelitos, uno lo pondremos en el espejo del baño, otro en un lugar visible de nuestro trabajo y el tercero lo guardaremos en nuestra bolsa, donde podamos recordárnoslo durante el día.

Nuestro primer hábito por fomentar es el de PRACTICAR OPTIMISMO DIARIO. La raíz de la palabra nos lleva, según el diccionario, a “la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”. Se ve sencillo, pero no lo es. Hay impulsos de nuestra naturaleza que nos conducen por distintos senderos, para siempre ver “el aspecto más favorable” necesitamos ejercitarnos y acendrar este hábito.

Los neurocientíficos de la felicidad (ver bibliografía en el tema 1) han realizado ejercicios vivenciales con grupos modelo frente a otros participantes sin aplicación de técnicas, los resultados son medidos y comprobados sus efectos. De este modo confirman que es posible lograr el cambio si se aplican persistentemente las recomendaciones.

Comencemos con el aspecto negativo, el pesimismo. Hay toda una corriente filosófica desarrollada por el filósofo alemán, Arthur Schopenhauer, quien desde el siglo XIX afirmaba que “la existencia humana es sufrimiento” y que debemos ser fuertes para enfrentar el “tremendo hecho de vivir”. Los pesimistas de nuestro tiempo son los anti-vacunas, los que ven conspiraciones en todo movimiento social, los que se la pasan criticando todos los acontecimientos del día, los que consideran que la existencia es una eterna batalla por seguir viviendo y que debemos apelar a nuestra voluntad para seguir adelante. Son tóxicos, debemos huir de esos comportamientos.

Sirva el planteamiento anterior para reconocer que nosotros mismos podemos caer, sin sentir, en ese estado de ánimo pesimista que nos condena a ver el mundo en sus aspectos más desagradables. De eso es que deseamos escapar.

Por el contrario, cultivar el optimismo implica desarrollar fe en que el futuro se nos presenta favorable, la esperanza de estar en mejores condiciones prevalece por encima de todo. Se presentarán dificultades, pero tenemos confianza en que saldremos adelante. Prevaleceremos por encima de toda adversidad.

Ante las situaciones difíciles debemos pensar que así ocurren las cosas a veces o últimamente, pero bajo ninguna condición declarar que siempre son así y, menos aún, pensar en que esa mala suerte nos persigue.

Debemos pensar en que los buenos sucesos se deben a causas permanentes gracias a nuestros talentos y capacidades o que tenemos buena suerte. Por el contrario, un fracaso debemos atribuirlo a circunstancias fuera de nuestro control o un error pasajero; sumirnos en la desesperación y permitir que se vuelva un dolor permanente es negativo y debemos evitarlo.

Cuando una persona es despedida de su empleo puede desmoronarse y sentirse verdaderamente inútil, lo cual puede conducirle a una fuerte depresión; o bien, tomar perspectiva y entender que muchas situaciones están fuera de su control. Para comprender esto pongamos un ejemplo: en Japón, el público ya no va a los encuentros de Sumo, los jóvenes están interesados en futbol o basquetbol, de modo que el deporte de sumo está en franca declinación. No es culpa de los grandes luchadores de Sumo, se están quedando sin trabajo, pero así son las tendencias que se suceden más allá de nuestro control y no nos dejan opciones a nuestro alcance. En cualquier trabajo sucede así, se cancelan porque ya no hay perspectivas de continuar funcionando como antes y no depende de lo bien o mal trabajado. El trabajador no es el culpable.

Para incrementar el optimismo, Seligman, uno de los autores que seguimos, sugiere detectar y luego rebatir los pensamientos negativos. En una relación afectuosa puede haber momentos raros y podemos pensar “es que ya no me quiere”, una vez detectado ese pensamiento pasamos a rebatirlo “lo que pasa es que hoy está preocupada por algo, debo permitir que ella me lo diga y entonces actuaré”. Debemos aprender a discutir con nosotros mismos. Esos pensamientos tienen su raíz en creencias anquilosadas que debemos detectar y refutarlas para destruirlas.

Los diálogos internos son procesos mentales que están bajo nuestro control y debemos dirigirlos para “ver los aspectos positivos de las cosas”. Sor Juana Inés de la Cruz lamentaba que “a veces es imposible controlar a la loca de la casa”. Se refería a nuestra mente.

Debemos erigir defensas ante pensamientos negativos que nos brincan de manera automática y nos crean reacciones no pensadas. Detenernos y encontrar la forma de convertirlos en pensamiento positivo, concentrándonos en la esperanza de que todo será mejor en el futuro.

Una actitud positiva cultivada nos genera la esperanza de algo mejor y nos predispone para actuar de manera confiada en que todo saldrá bien.

Si tienes miedo al futuro y temes que las cosas no te saldrán bien estarás convocando a tus demonios internos que llegarán a ti para perjudicarte, justo cuando más necesitas apoyo y ayuda. Para eso debes cultivar la esperanza y la fe en un futuro mejor.

Un ejercicio que recomienda Lyubomirsky (otro de nuestros autores) consiste en escribir una descripción de ti mismo proyectada a tres años donde plasmas tu mejor “yo” posible logrando objetivos que deseas cumplir, escribes viéndote feliz y satisfecho con tus triunfos. A partir de esa imagen de futuro, piensas en lo que tienes que comenzar ahora, para que esa imagen se vuelva realidad. Repasas con frecuencia eso que has escrito. Esa práctica te dará optimismo. Hazlo ahora.

Los pensamientos optimistas nos inyectan energía y positivismo impulsándonos hacia logros que nos habíamos imaginado, favoreciendo la perseverancia y la capacidad de luchar intensamente por lograr metas.

Ahora ¿qué hacemos? Apunta en una pequeña tarjeta una idea concreta para cultivar optimismo y llévala siempre contigo, cada vez que veas tu tarjeta, busca el lado positivo de lo que estés haciendo en ese momento y eso hazlo tantas veces como te sea posible durante el día. Dedícale una semana completa al pensamiento optimista.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

ANÓNIMO: El optimista siempre tiene un proyecto.
El pesimista siempre tiene una excusa.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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