Escucha el podcast: La Gran Transformación

Hemos escuchado hasta el cansancio acerca de la cuarta transformación, enfoque amorfo que nunca se dibujó con claridad, pero que ya está en proceso. Sorpresa, día tras día. Sin embargo, la verdadera gran transformación se refiere a nosotros mismos. Convertirnos cada día en la persona que alguna vez soñamos que seríamos, ese debería ser nuestro propósito más claro.

¿Es válido pretender una aspiración tan alentadora?

¿Tenemos una imagen clara de la persona que, algún día, soñamos ser?

Te propongo como imagen, al menos una, no tan completa, pero sí una imagen. Imagínate como una persona viviendo una vida plena, gozando de la clase de bienestar que te acomoda, donde te sientes a gusto contigo mismo, estás feliz con aquello que te rodea y te sientes apasionado cumpliendo tus anhelos personales y profesionales más ambiciosos.

Si te das cuenta, esto sería cumplir cabalmente la definición de felicidad. Una definición que nos ha ayudado a perfilar el grupo de neurocientíficos que crearon la Psicología Positiva, la Ciencia de la Felicidad. Recuerda que antes, en un post pasado, te proporcioné una amplia bibliografía.

De acuerdo con los neurocientíficos: si arreglas tu interior, tendrás poder para arreglar tu vida exterior.

Ahora bien, ¿cómo se consigue eso? Es más fácil de lo que crees.

Un enfoque podría ser el de los neurocientíficos que se basan en las cuatro hormonas de la felicidad: dopamina, oxitocina, serotonina y endorfina. Son químicos que se estimulan y nutren al cuerpo, pero hay un inconveniente, no hay inyecciones que nos permitan acceder a ellas directamente para su estímulo. Lo que necesitamos es realizar ciertas actividades que con sus enlaces neuronales acaban estimulando a la hormona en cuestión. Un ejemplo, si tenemos un suceso que nos provoca euforia estamos moviendo a la hormona de la dopamina, pero no hay un recurso invertido: mueves a la neurona y tienes euforia, eso no existe. A cambio de ello, tenemos otro camino, realizar actividades que favorezcan la reacción hormonal. Ésta es nuestra propuesta.

Si la gran transformación se trata de ti mismo, no hay obstáculos que te frenen. No necesitas aprobación de ninguna Cámara de Diputados, de ningún Congreso y ni siquiera de tu padre o madre. Sólo se requiere tu plena disposición. Tu anhelo por convertirte en una persona feliz y realizada al cumplir tus deseos más profundos.

Vamos a apoyarnos en el ejemplo de alguien que sí logró su gran transformación hace 200 años. Se trata de uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, Benjamín Franklin, que vivió de 1706 a 1790, según su relato en la Autobiografía que escribió.

Benjamín creció como una persona humilde, de escasos recursos. Siempre con gran tesón y dedicación concentrada en salir adelante. Un inconforme constante. Nada le gustaba. Quería cambiarlo todo, era un crítico permanente. A los 23 años comenzó a escribir con un pseudónimo en el periódico de su hermano mayor. Una vez escribió criticando ferozmente a un personaje de su ciudad (Filadelfia) y fue desafiado a un duelo. Gracias a la intervención de los padrinos, el duelo se suspendió en el último momento a cambio de una disculpa pública en el mismo diario.

Benjamín recibió una gran lección. Su padrino le advirtió que por ese camino habría de tener dificultades constantes a lo largo de su vida. Tendría que cambiar de crítico constante a una persona de carácter amable. Se comprometió con este propósito: “no hablaré mal de hombre alguno y sólo diré lo bueno que sepa”.

¿Cómo se transformó de crítico severo a ser el diplomático más importante de su generación?

Se dio cuenta que habría de cambiar sus hábitos de pensamiento y expresión. Hizo una lista de 14 nuevos hábitos que repasaría uno cada semana y luego, al terminar regresaría al hábito número uno y así lo haría tres veces en el año (14 x 3 = 52).

Cada hábito lo escribió en tres papelitos para colocarlos donde pudiera verlos durante el día y así toda la semana. Un papelito pegado al espejo de su baño, otro pegado a su escritorio y otro más para conservarlo en su bolsa y sentirlo a lo largo del día. En consecuencia, recibía recordatorios constantes que le facilitaban tener siempre presente el nuevo hábito y de inmediato se aplicaba. De este modo, su propósito no quedó en “alguna vez” lo voy a hacer, sino en practicarlo en todo momento del día.

Los 14 propósitos Benjamín estaban a tono con su época: templanza, frugalidad, etc. No es aplicable a nuestra ápoca, pero sí su método de aplicación.

En nuestra gran transformación buscamos ser cada día más felices para arribar a una vida plena, de este modo, en las próximas semanas iremos presentando un hábito de fácil aplicación a lo largo del día, luego, en la siguiente semana otro hábito, hasta completar 14. Después, te pido que regreses al hábito uno para que reinicies la lista y así podrás darle la vuelta tres veces en el año. Puedo asegurarte que al terminar el año estarás transformado en una persona más feliz.

Te solicito que reflexiones y logres madurar en tu conciencia el deseo profundo en hacer de tu vida la plenitud de tu existencia. No quedarte a medias. No acabar al final con esa sensación del “ojalá y hubiera podido”. Que no te suceda como aquel individuo que parado frente al espejo se dijo a sí mismo: el hombre que soy saluda con gran tristeza al hombre que pude haber sido.

Sí podemos hacerlo, sí podemos emprender la gran transformación, cada hábito es de aplicación sencilla, fácil y rápida. Como dijo Juan Gabriel en una de sus canciones: “Dios perdona a todos, pero el tiempo a ninguno”. El paso del tiempo es indetenible, cada vez más rápido, está en nuestras manos actuar. De aquí en adelante puedes disfrutar de una calidad de vida cada vez mejor. Sentirte cada vez más a gusto contigo mismo y con mayores fuerzas para dar forma a un entorno a gusto tuyo, gozando de cada día al vivir apasionadamente persiguiendo un afán atractivo para tu corazón. Sé feliz al máximo, eso es lo que vale la pena. Crea con tus experiencias de hoy los recuerdos agradables de mañana.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

ARISTÓTELES: “La felicidad es el propósito de la existencia humana”.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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