Escucha el podcast: El Propósito de Vida

El gran científico sueco Alfred Nobel dedicó su vida a estudiar los explosivos, llegó a registrar 355 patentes. Creó su empresa Bofors para la fabricación de cañones y otros armamentos. Su invención más relevante fue la dinamita.

En uno de los experimentos de laboratorio se produjo una explosión no controlada que mató a su hermano Emil y un periodista encargado de redactar los obituarios se confundió y creyó que el muerto era Alfred. En consecuencia, se puso a escribir el obituario de Alfred Nobel tachándolo de criminal despreciable, que con sus inventos asesinaba cruelmente a millones de personas.

Alfred leyó su obituario y se quedó estupefacto. Reflexionó que esa no era la huella que deseaba dejar en el mundo, así fue como se dispuso a enderezar esa impresión lamentable al crear la Fundación encargada de otorgar los premios Nobel para reconocer cada año los avances en química, física, medicina, literatura y a quienes hacen meritorios esfuerzos por establecer la paz. Después se agregó el de ciencias económicas.

¿Qué pasaría si hoy alguien escribiera tu obituario? ¿Diría cosas preciosas y relevantes sobre ti o más bien sería una retahíla de sucesos intrascendentes y vergonzosos? Te propongo que corras el riesgo: proyéctate al futuro e imagina cómo sería tu obituario al morir. Se vale soñar. Puedes redactar hechos asombrosos y magnánimos como parte de tu legado a la humanidad.

Después de escribir tu obituario, donde has soñado en grande, ahora puedes disponerte a elaborar un plan de vida para lo que te resta. Por cierto, ¿cuántos años quieres vivir? Esta es una decisión importantísima y no se vale que me digas “Dios dirá”. Es clave que definas ese número mágico ¿serán 86? ¿serán 97? Una vez decidida esa cifra réstale los años que tienes hoy y tendrás el dato de lo que estás por vivir, sin duda, todavía años suficientes para programar algo grandioso. Si estás en los 40 imagínate, tienes 56 años por vivir o algo así.

¿De qué va esto? De hacer realidad lo que Chava Flores plasmó en su canción “¿A qué le tiras cuando sueñas?”. En un célebre estudio realizado por investigadores de la Universidad de Harvard entre estudiantes de carrera y población aledaña a la universidad se encontró que los jóvenes soñaban en ser famosos, ricos, poderosos y un montón de cosas frívolas más. Sin embargo, esta investigación ha dado seguimiento a las mismas personas a lo largo de 75 años, los que sobreviven reconocen que los motivos de felicidad están en las relaciones que mantenemos con la familia y los amigos.

A estas alturas nos queda claro que sostener buenas relaciones con las personas a nuestro alrededor es parte de la felicidad duradera; sin embargo, para sostenerse es preciso luchar por algo y ese algo es nuestro propósito de vida, si no lo precisamos estaremos al garete, iremos por un rumbo y luego por otro, sin encontrar satisfacción profunda.

¿Cómo definimos nuestro propósito de vida? Necesitamos explorar en lo que ya hemos vivido. ¿Qué hemos hecho que nos haya llenado de una intensa y profunda satisfacción? ¿En qué momentos nos hemos sentido realizados y orgullosos? Ante nuestros familiares, amigos y los que nos conocen ¿cuándo nos han reconocido que somos muy buenos en lo que hacemos? ¿Qué fue?

En síntesis, nuestro propósito de vida ya está latiendo dentro de nosotros, lo que necesitamos es abrirle paso para que fluya libremente y ahora, de manera consciente lo convirtamos en un plan de vida. Es motivo de apasionada entrega seguir una vocación, un propósito.

En el documental “Elvis” sobre la vida de Elvis Presley nos muestran a un personaje que desde niño le gusta cantar y se mezcla felizmente con los negros del suburbio donde vive, aprende a cantar lo mismo que ellos: blues, góspel y canciones de gran profundidad emocional. Crece cantando lo que le gusta y lo mezcla con baladas y rock and roll. Tiene un gran éxito, pero su ambición lo lleva al cine donde filma 38 películas, todas intrascendentes y mera basura. Se aleja de su propósito central, de su verdadera vocación. Se aparta de su familia y acaba metiéndose drogas y somníferos para poder seguir una vida vacía que le deja hueca el alma. Muere solo, abandonado y sufriendo enfermedades provocadas por tanta pastilla y polvo que necesitaba para vivir.

Por ello, precisamente por esto, te pido encarecidamente que pares tu carro y te dediques a pensar en aquello que es tu impulso, tu razón de vivir. Si logras definirlo podrás encarrilarte para los años que te quedan por vivir y a partir de ese momento luminoso podrás encauzar tus actividades hacia lo que te nutre de verdad y, si te has desviado, podrás regresar al sendero de tu vocación, de aquello que más amas, pero que únicamente lo haces ocasionalmente, en vez de concentrar tus energías en aquello que será tu legado al morir, ¿cómo deseas ser recordado cuando te vayas?, ¿qué quieres que piensen y digan tus familiares y amigos?

Te invito a la reflexión, especialmente en estos días de encierro. Sácales provecho para definir tu futuro, no lo hagas a la ligera. Suerte y que tengas un semana feliz y productiva.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

CONFUCIO: “La gente buena se consolida sin cesar”.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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