Escucha el podcast: Técnica 8 del Programa para Incrementar la Felicidad: Controle su Actitud

Después de seis desesperantes años sufriendo una gastritis incómoda y molesta pasé a arrojar sangre, como señal clara de una úlcera reventada. Fui al doc y me dijo, después de escucharme atentamente, “creo que eso puede ser un tumor con el riesgo de que sea canceroso”. Me citó para diez días después con el propósito de practicarme una endoscopia. Esos diez días fueron un auténtico infierno para mí, me la pasé llorando y sin comer, reduje mi peso en quince kilos. Sentía que me moría.

Durante la endoscopia, el Dr. Ojeda iba explicando lo que veía a cinco alumnos que invitó al proceso. Me usó como “conejillo de indias”. Sin embargo, me resultó una situación afortunada. Conforme iba recorriendo el tracto digestivo hablaba y hablaba y yo escuchaba y escuchaba. “Miren allí está la herida, sangró porque se rompió un vasito”.

Al terminar el doctor yo estaba feliz. Me llamó a su consultorio y me dijo: “Esta vez la libró señor Esponda, pero le digo de una vez, si usted no cambia de vida lo tendré aquí de nuevo en dos o tres años y esta vez no le garantizo que se salve. Deje de preocuparse y trate de vivir la vida con mayor ligereza, no se tome todo tan en serio, no sea preocupón”.

Todo esto fue muy impactante para mí, reprocho la crudeza del Dr. Ojeda, pero con el paso del tiempo agradezco el rigor porque me hizo reaccionar y cambiar mi forma de ver la vida.

Siempre digo que me curé la gastritis y una úlcera incipiente gracias a un libro. La lectura cuidadosa, día tras día, de tan solo tres páginas diarias, me transformó mi manera de pensar y me enseñó a controlar mis actitudes. Fueron dos años, antes de dormir, leía y meditaba, hasta que los mensajes fueron incrustándose en mi mente y mi manera de ser. Por supuesto que cambié. Dejé de ser un preocupón empedernido, siempre lleno de miedo respecto al futuro. Comencé a cultivar actitudes y emociones positivas.

En este post me aparto de la Psicología Positiva para compartir contigo una de esas lecturas salvadoras, tomada del libro de Dale Carnegie “Cómo Suprimir las Preocupaciones y Disfrutar de la Vida”. Si logras incorporar algo de este mensaje en tu manera de vivir estarás en el camino de incrementar tu felicidad, que es nuestro propósito central.

La definición de fatiga “es una disminución de la capacidad de trabajo” Dale Carnegie nos afirma “¿Qué clase de factores emocionales cansan al trabajador sedentario, al que trabaja sentado? El aburrimiento, el resentimiento, la sensación de inutilidad, el saber que no se aprecia lo que hace, la prisa, la ansiedad, la preocupación, las presiones. Estos factores emocionales agotan al trabajador. Es preciso serenarse”.

“Hay que saber descansar. El descanso es la ausencia de toda tensión y de todo esfuerzo. Suspende tu lectura cierra tus ojos y ordénales descansar, diles basta ya, basta, aflójense y suéltense. Haz que tus ojos te obedezcan. Te sentirás mejor. Lo mismo con otras partes del cuerpo, lleva tu mente a ellos y apriétalos y diles que se relajen, que se aflojen, parte por parte. Es un ejercicio muy breve, pero muy efectivo”.

Para demostrar lo que sucede, Dale Carnegie relata el caso de Alicia que llega a su casa muy cansada después de un arduo día de trabajo, arroja sus zapatos y se estira en el sillón diciendo “ay, no puedo más, estoy fatigada”. En eso suena el teléfono y es su mejor amigo para decirle que la había estado buscando para invitarla a una fiesta y ofrecerle que él podría pasar por ella una hora después. Alicia brinca del sillón, saca su ropa de fiesta, se da un buen baño y está disponible y entusiasta para ir a la fiesta con René, su gran amigo. Ante algo interesante y excitante el cansancio desaparece.

Otro caso que nos aporta Carnegie es el Gina, una secretaria a la cual le pide uno de los jefes de oficina que rehaga una carta, ella protesta porque sugiere hacer dos o tres correcciones, pero no rehacerla. El jefe le dice: “Ok, ya encontraré otra secretaria que sí me la haga”. En ese momento, Gina reacciona y dice: “no, yo la haré con mucho gusto”. Se pone a trabajar y se da cuenta que le conviene hacerla de buen humor. Reflexionó sobre lo escaso que están los trabajos y se dijo “me pagan por hacer este trabajo, qué afortunada soy”. En ese momento cambia su actitud y se empeña en hacer un buen trabajo. Descubrió que lo hizo mejor y más rápido que de costumbre. “De pronto, decidí hacer el trabajo como si realmente disfrutara de él, a pesar de que me molestaba al principio. Esta nueva actitud mejoró mi humor en el trabajo y me granjeó el aprecio de mis jefes y compañeros. Creo que la clave es este nuevo poder mental de hacer como si yo lo disfrutara”.

El consejo es “si tienes que hacerlo, por qué no la pasas bien mientras lo haces”. Cualquier trabajo con buena actitud mental esconde ciertos ángulos que te permitirán ser creativo y descubrir cómo puedes divertirte mientras lo haces. De esta manera, el tiempo se pasará rápido y acabarás más pronto y menos cansado. Una actitud mental positiva te ayudará a convertir en interesante hasta la tarea más tediosa.

“¿Cuántos de ustedes han aserrado madera? Varias manos se levantaron. Ahora díganme: ¿Cuántos de ustedes han aserrado el aserrín? Ninguno levantó la mano. Desde luego, ustedes no pueden hacerlo, ha sido aserrado ya. Cuando uno se empeña en preocuparse por cosas que han pasado es como si aserrara el aserrín. No debemos empeñarnos en cosas necias. La aceptación de lo que ya ha sucedido es el primer paso para superar las desgracias del pasado”.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

ABRAHAM LINCOLN: “La mayoría de las personas son tan felices como deciden serlo. La felicidad es algo interior, no es un asunto de afuera”.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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