Escucha el podcast: Técnica 6 del Programa para Incrementar la Felicidad: la Base Estable I

En su libro La Auténtica Felicidad, Martin Seligman sostiene que la manera de lograr una felicidad auténtica es apegándose a valores. Un grupo de investigadores del movimiento de Psicología Positiva se abocaron a una exhaustiva lectura y búsqueda de virtudes y valores que son seguidos por distintas culturas y filosofías a través de siglos en la historia y presentes en distintos puntos geográficos.

Ellos encontraron que hay seis valores de carácter universal y que con distintas explicaciones pueden agruparse perfectamente: Sabiduría y conocimiento, valor (de valentía), humanidad y amor, justicia, templanza y trascendencia.

El objetivo a perseguir es la buena vida basada en una forma de vivir que adopta los valores apegados a una educación avanzada. Sus estudios a lo largo de la historia llevaron a los investigadores a exculpar los malos comportamientos que son producto de la miseria, el hambre y las condiciones que escapan al control personal.

En México a lo largo del año 2021 estamos viviendo el mal ejemplo del comportamiento de los inmigrantes centroamericanos y haitianos, pero las condiciones a las que están enfrentados explican y hasta cierto punto los justifican.

De allí se desprende que lo importante es avanzar en las condiciones ambientales para facilitar mediante la educación la obtención de la buena vida, la Psicología Positiva nos aporta líneas de pensamiento para que elijamos nuestra actuación. No prescribe que debemos hacer tal o cual cosa, pero sí nos aporta la conveniencia de actuar de una manera determinada, por ejemplo, no nos dice que seamos optimistas, pero sí nos describe que serlo reduce la depresión, mejora la salud física, propicia que tengamos mayores logros en la vida y que nos sintamos bien con nosotros mismos. Si nos atraen los beneficios, intentaremos seguir ese comportamiento.

Seligman, el autor en el que estamos inspirados, nos dice que debemos diferenciar entre los talentos o capacidades y las fortalezas. Los talentos no son fácilmente adquiribles, requieren una base potencial con la que nacemos, hay límites en la posibilidad de adquirirlos.  Las fortalezas, en cambio, pueden desarrollarse, para ello es necesario aplicarse y ser perseverantes.

A través del cultivo de las fortalezas se llega al valor.

Para llegar al valor de sabiduría y conocimiento se pretende impulsar el desarrollo de las siguientes fortalezas: curiosidad e interés por el mundo; amor por el conocimiento; juicio, pensamiento crítico y mentalidad abierta; ingenio, originalidad, inteligencia práctica y perspicacia; inteligencia social, inteligencia personal e inteligencia emocional y perspectiva de los asuntos a considerar.

Las personas curiosas y ansiosas de comprender cómo funciona el mundo suelen estar atentas a lo que sucede, les gusta escuchar noticiarios y discutirlos con otras personas. Participan en seminarios o cursos para hacer patente su amor por obtener conocimientos. Cada nuevo conocimiento les emociona y les llena de placer. Quienes anhelan este valor son de mentalidad abierta y siempre están dispuestos a confrontar libremente sus ideas para cambiar de opinión en caso de que así se los hagan ver, no se precipitan en sus juicios, son críticos y observadores. Aquí entra el ansiado sentido común y la creatividad para encontrar nuevos ángulos de lo que se analiza. Estas fortalezas implican el desarrollo de la inteligencia emocional con sus distintas partes necesarias como es lo social y la habilidad para captar los sentimientos de los demás. Por último, el desarrollo de la perspectiva vista como capacidad para percibir el mundo y sus tendencias, logrando que los demás acudan a usted para conocer su opinión.

Para llegar al segundo valor de la lista que es el de valor y valentía necesitamos las fortalezas de la perseverancia, laboriosidad y diligencia, integridad, autenticidad y honestidad.

Las personas que cultivan estas fortalezas son valientes y decididas dispuestas a enfrentar las dificultades con ánimo y buena disposición, no se amilanan ante las dificultades. Pueden sentir miedo, pero tienen el coraje para seguir adelante. Esto lleva a la admiración de las personas que son fuertes en estos aspectos, las sociedades en general tienen sus héroes a quienes admiran, son quienes han demostrado ser resilientes, capaces de levantarse no obstante la dureza de los golpes recibidos. La perseverancia es una fortaleza a cultivar, estas personas terminan lo que empiezan, son laboriosos y dedicados, se concentran en el cumplimiento de sus promesas. Son personas honestas con alto grado de integridad, son genuinos en su forma de vivir, no acuden a fantasías ni apariencias con tal de engañar.

Para facilitar el proceso de afianzarnos con una u otra fortaleza sugerimos comenzar identificando la que mejor se nos da para practicarla con la mayor frecuencia posible, luego pasar a otra y así sucesivamente.

El tercer valor es el de humanidad y amor susceptible de alcanzar mediante las siguientes fortalezas: bondad y generosidad; amar y dejarse amar.

Las personas que desarrollan estas fortalezas son empáticas, comprenden al prójimo y están siempre dispuestas a ayudar. Disfrutan participando en acciones de ayuda a los demás, les encanta fraternizar y cuidar a los demás. Son capaces de mantener relaciones íntimas para amar y dejarse amar. En circunstancias especiales son capaces de asumir los problemas ajenos como propios. El principio básico es que conceden gran valor a las otras personas.

En el próximo artículo del blog veremos los siguientes tres valores para completar la lista.

Por lo pronto, te invito a decidir cuál fortaleza vas a incorporar en tu conducta.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

MENANDRO (filósofo griego): “Quien tiene la voluntad tiene la fortaleza”.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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