Escucha el podcast: Querer Ser el Mejor

Disfrutamos en grande las deliciosas reproducciones logradas por quienes se han convertido en los mejores en su campo. Escuchar Nessum Dorma con Luciano Pavaroti, ver el Guernica realizado por Pablo Picasso, escuchar la obra sinfónica Huapango de Moncayo o bien petrificarnos ante la belleza de la Catedral de la Ciudad de México, son momentos de éxtasis que le debemos a quienes en algún momento de su vida decidieron convertirse en los mejores.

Esa decisión iluminada de “querer ser el mejor” llega como un rayo a la mente de alguien que en algún momento de su vida decide asumir para siempre un propósito de vida.

Una niña de tan sólo diez años, de repente, se metió a la lectura de textos complicados. Hoy a sus catorce pide a su padre que le compre libros escritos en inglés y traídos sólo con pedido especial porque ella está decidida a estudiar neurociencia. ¿Qué mosca le picó? ¿De dónde surgió el afán de concentrarse en el estudio de materias complicadas? ¿Por qué no es como sus primas que están más interesadas en las fiestas y en la vida común y corriente? No sabemos si tendrá la fortaleza de ánimo para perseverar, pero es evidente que está siguiendo un camino distinto al de sus contemporáneas.

Cada obra sobresaliente que apreciamos en el mundo ya sea de arte, de arquitectura, música, literatura o ingeniería es resultado del trabajo dedicado de alguien que en algún momento recibió el rayo de la iluminación. A partir de ese momento, su vida cambió.

El gran propósito es vivir mejor, pero hay dos escalones previos: ser mejor y hacerlo mejor. En vivir mejor incorporamos el concepto de calidad de vida que agrupa nuestras visiones de qué hacemos cada día y cómo lo vivimos, ¿lo disfrutamos o lo sufrimos? ¿Vivimos de acuerdo con nuestros gustos o simplemente lo vamos pasando? ¿Qué clase de hogar hemos creado? ¿Cómo es nuestro ambiente familiar? No confundamos los conceptos calidad de vida y nivel de vida. Este último hace referencia al nivel en que socialmente nos movemos, la clase de casa y rumbo donde vivimos está asociado al nivel de nuestros ingresos y de nuestro patrimonio. Mientras que nivel de vida tiene que ver con los recursos económicos que poseamos, la calidad de vida tiene que ver con lo bien o lo mal que la pasamos aprovechando lo que tenemos.

Por ello, el gran propósito es alcanzar calidad de vida satisfactoria, plena, dichosa. Puedo afirmar que la verdadera felicidad gira en torno a la calidad de vida. Hay personas con un gran nivel de vida, tienen muchas posesiones; sin embargo, no cuentan con calidad de vida, son desdichados.

Para alcanzar el tercer nivel: vivir mejor, es preciso hacerlo mejor. Es decir, lo que sea parte de nuestro accionar diario, tiene que reflejar calidad de trabajo. Es indiscutible que para gozar de una buena vida es preciso ser bueno en lo que hacemos. Conste que esto incluye a los flojos simpáticos que tienen un gran carisma y consiguen lo que quieren sin esfuerzo. Son buenos en lo que hacen. Nos sacan lo que quieren y hasta las gracias les damos, ya sean charlatanes, vendedores o presidentes de la república.

En la base de nuestro escalón está el ser mejor. Mejor persona, mejor ciudadano, mejor hijo, mejor padre, esposo, ejecutivo, directivo, etc. Todo tu ser gira en función a tu rol en la vida familiar, laboral y social.

Una vez que una persona decide ser mejor comienza una trayectoria distinta al común de los mortales, pero ¿cómo consigue ser mejor? ¿basta con querer ser mejor? Vamos a explorar esta situación, no sin antes advertir, que el propósito de este escrito es convencerte a ti de que quieras ser mejor en tu campo.

Hace unos días viví una experiencia ejemplificante. Una reunión con sobrinos, sobrinas y ahijados. Están alrededor de los 23 años y platican entusiastamente de lo que hacen para vivir o sobrevivir. No cuentan con un buen empleo. Su situación no les ha permitido terminar una carrera profesional. Están a medias, batallando por seguir adelante. No han perdido sus ilusiones, pero ya no es lo mismo de antes.

El contraste absoluto. Mi reunión con ese grupo de jóvenes, tan sólo cinco años antes, era escucharlos con sus planes fabulosos: querían ser químicos, físicos, doctores en medicina o abogados. A los 18 años se llenaban la boca de ilusiones sobre su futuro inmediato. De manera legítima aspiraban a grandes cosas, pero se desinflaron. Es fácil soñar. Difícil realizar.

Por ello te planteo cinco pasos para lograr ser el mejor, para evitar que tus sueños queden entrampados a la mitad del camino. En el próximo blog te desarrollaré esos cinco pasos, por hoy, reflexiona acerca de la brecha que hay entre los sueños de los 18 años y la resignación de los 23. Son cinco años que definen nuestra trayectoria. Si ya pasaste de esa época, reflexiona. Nunca es tarde para decidirte a SER EL MEJOR. Rescata tus sueños y actúa.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

PAULO COELLO: “El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños”

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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