Escucha el podcast: Técnica 9 del Programa para Incrementar la Felicidad: Evitar la Fantasía

Es frecuente encontrar la siguiente cita: “Los economistas se pasan la mitad de su vida prediciendo lo que va a suceder y la otra mitad de su vida explicando por qué no sucedió lo que predijeron”. Se requiere un golpe de realidad.

La política económica, formulada por los políticos, se engulle de un solo bocado a la economía política, formulada por los economistas. En consecuencia, los pronósticos (fantasía) elaborados con minucioso análisis en el escritorio son desvirtuados por quienes están en la ejecución (la realidad) de las variables macroeconómicas. Los políticos sufren la realidad en sus múltiples dimensiones y acaban actuando en función de las acciones y reacciones de los afectados por esas decisiones. Por eso resulta difícil que se cumplan los pronósticos, casi imposible. La realidad se impone a la fantasía. Los pronósticos sólidos son necesarios, pero requieren ajustes.

Nos arruinamos nuestra felicidad en el presente por el espejismo de la fantasía basada en dos expresiones: “Ojalá yo pudiera…” y “Si yo hubiera…”

En todos los aspectos de nuestra vida encontramos la lucha entre fantasía y realidad. Cuando después de muchos años de esfuerzo y ahorro logramos comprar nuestro primer automóvil comenzamos a pensar en el siguiente que será más grande y, ahora sí, nuevo. Cuando tenemos un departamento de 80 metros cuadrados nos pasamos soñando con otro más grande. Cuando hacemos un viaje no acabamos de disfrutar bien cuando ya estamos soñando que el próximo será a un lugar más apreciado y con mejores condiciones. Nuestra imaginación nos lleva a un futuro idílico donde todo será mejor. Eso nos impide ser felices en el presente, con nuestra realidad a la vista. ¿Has soñado en algo mejor en vez de disfrutar con lo que tienes hoy? ¿Te distrae el “si yo pudiera” y te aleja de disfrutar tu presente? ¿Con qué frecuencia tu fantasía se impone a la realidad?

En los momentos de placidez, cuando la memoria nos avasalla, repasamos nuestra trayectoria y ante el análisis calmado y juicioso surge la alternativa que nunca sucedió y exclamamos “si yo hubiera sabido cómo iba a salir ese asunto no le hubiera entrado”, “si yo hubiera imaginado lo mentirosa que era, yo no le habría creído y por eso me engañó como a un tonto”, “si yo hubiera sabido que eran unos pillos, francamente no me habría asociado con ellos” y así sucesivamente. El repaso de los acontecimientos pasados con el “hubiera” a la mano impide rescatar las lecciones que debíamos haber aprendido y que nos prepararían para hacer del presente una realidad más afortunada y provechosa. ¿Te suele suceder que caes en “si yo hubiera” cuando te remontas al pasado? ¿Te mortifica pensar cosas que hubieras hecho, pero no hiciste? ¿Con qué frecuencia “el hubiera” te aleja de tu realidad?

Vivir en el pasado o en el futuro es fruto de fantasías aprendidas desde niños o niñas. Clavarnos en el aquí y ahora es una práctica que reclama mucho esfuerzo, pero es muy recomendable.

Tengo una parienta que se casó con un gringo, ambos de edad avanzada. Los malestares por salud en proceso de deterioro no se hacen esperar. Sin embargo, gracias al sistema de salud social de los Estados Unidos, gozan de una cobertura extraordinaria para asistir a especialistas que los cuidan. Maravillada me cuenta que van al cardiólogo y les mandan una cantidad enorme de estudios para luego recibir las medicinas indicadas y todo ¡sin pagar un dólar!

Su carrera en México siempre fue de carácter político, y hay que entender que la política la lleva en la sangre, de modo que desde más allá de la frontera sigue en contacto con los lazos que la unían profesionalmente. Lee por internet tres periódicos diarios y ve noticieros mexicanos. Está al tanto de nuestras tragedias cotidianas, no ha podido desarraigarse mentalmente. El internet facilita la conversación de larga distancia y gracias al Zoom hasta parece presencial.  Mi mensaje para ella es claro, tienes un tío muy generoso que te brinda su protección, aprovéchalo y disfrútalo como un privilegio para el final de tu vida, da gracias al Tío Sam que te brinda todos los beneficios de un jubilado, aunque tú nunca hayas trabajado allá. Se lo debes a la carrera de tu esposo. La realidad es su presente, todo lo que sucede a lo lejos es su fantasía.

Tal Ben-Shahar el autor de “La búsqueda de la felicidad” explica que hay dos visiones del ser humano: la visión limitada y la visión ilimitada.

Los que creen en la visión limitada entienden que el ser humano tiene potencialidades, pero dentro de ciertos límites. Son practicantes del sentido de la realidad, consideran que la naturaleza humana es inmutable, cometemos errores, reflexionamos, nos arrepentimos y corregimos. “Como no podemos cambiar nuestra naturaleza, tenemos que crear instituciones sociales que la canalicen en las direcciones adecuadas”. Son realistas.

“Los que se inclinan por la visión ilimitada creen que la naturaleza humana se puede cambiar y mejorar: existen soluciones para todos los problemas y no hay que resignarse con las imperfecciones. El papel de las instituciones sociales es crear sistemas capaces de modificar la naturaleza”. Son fantasiosos.

Ahora bien, Ben-Shahar nos dice que aquellos que tienen una visión limitada dan forma a las ideas capitalistas para canalizar el interés de cada individuo hacia el bien común. Adam Smith lo planteó así: “No es gracias a la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que esperamos tener nuestra comida, sino gracias a su propio interés. Apelamos a su egoísmo”.

La visión ilimitada de la humanidad profesa el comunismo: desafía a la naturaleza humana para cambiarla. El egoísmo de la nueva persona dará paso al altruismo. “Una vez más, la especie humana entrará en un estado de transformación radical. El hombre se marcará el objetivo de dominar sus propios sentimientos, elevar sus instintos a la altura de la conciencia…” Propugnan aplicar la “tabula rasa”, los bebés nacen con cero inclinaciones, por ello, hay que arrancarlos de sus familias para que no se contaminen, y a cambio, darles conceptos perfectos para crecer.

Con esos planteamientos inspiradores, la gente común se alía al comunismo por su aspiración de crear la sociedad ideal, sin percatarse que está en el universo de la fantasía y que está aceptando que algunos miembros de la sociedad se encargarán de las transformaciones necesarias creando instituciones que por supuesto benefician a quienes las dirigen.

Comulgar con ideales es participar de un festín de felicidad y prosperidad infinitas, por ello la gente común, sin preparación ni dominio intelectual, cae en la seducción de las fantasías. Se requiere trabajar en la propia madurez emocional para mantener nuestras creencias en el terreno irregular y desagradable de la realidad.

Te invito a reflexionar y descubrir la frecuencia con que divagas felizmente en el mundo idílico de la fantasía ¿Con qué sueñas? ¿Cuáles de tus sueños se inspiran en ideas fantasiosas? ¿Logras bajar tus sueños al mundo de la realidad o te quedas prendado de ilusiones?

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

RUDYARD KIPLING: “Las palabras son la más potente droga utilizada por la humanidad”.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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