Foto: Wirestock – Freepik.com. Panoramic view of the Roys Peak in New Zealand with low mountains in the distance under cloudscape. https://www.freepik.com/free-vector/panoramic-view-of-the-roys-peak-in-new-zealand-with-lowmountains-
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Escucha el podcast: Técnica 10 del Programa para Incrementar la Felicidad

Después de tres meses de compartir el tema de la felicidad he llegado al punto final: un resumen y una conclusión. Te he mencionado cuatro libros y varios artículos como fuente de información valiosa. Pero hoy es la hora de arribar al punto final de toda investigación. Finalmente, ¿qué es esto de la felicidad? ¿Es un asunto que se nos presenta de manera natural? ¿Hay manera de cambiarlo o debemos resignarnos? Para quienes han estado atentos a mis desarrollos sobre el tema, lo que sigue será una repetición. Es un esfuerzo de concretar algo después de la búsqueda. Son los hallazgos.

“Felicidad es un estado de ánimo caracterizado por bienestar pleno sintiéndose a gusto con uno mismo y con lo que nos rodea”.

La esencia de una ciencia, así como lo estableció Lord Kelvin (1824-1907): “lo que no se define, no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, siempre se degrada”.

En 1999 varios psicólogos convocados por Martin Seligman, presidente de la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos, se reunieron en Akumal, Yucatán, para dar forma a una nueva ciencia: La Ciencia de la Felicidad, conocida como Psicología Positiva. Este grupo se dividió en equipos para investigar y arribar a conclusiones que permitieran definiciones y maneras de medir sus conceptos. Más de veinte años después los psicólogos positivos son una legión enorme que nos aportan sus hallazgos basados en comprobaciones científicas, en contraste con los psicólogos dedicados a los males mentales: suicidio, locura, depresión, bulimia, etc. Males mentales que se somatizan, nuestro cuerpo se enferma.

El primer hallazgo es la afirmación de que la estructura emocional de nuestra forma de ser consiste en 50 % de aspectos determinados, ya sea por la herencia o aprendizajes infantiles difíciles de cambiar, otro 40 % de aspectos consistentes de variables que nosotros mismos podemos modelar y un 10 % de circunstancias del entorno que se nos presentan como situaciones de la vida y que con frecuencia su modificación está fuera de nuestro alcance.

El primer 50 % nos arroja perfiles emocionales que nos definen, difíciles de modificar. Somos introvertidos o extrovertidos, amigables o huraños, pesimistas u optimistas, pasivos o activos, etc. Lo recomendable es aceptar como somos y, a partir de eso, buscar mejoras consistentes, pero sin esperar grandes cambios.

El 40 % está compuesto por variables emocionales susceptibles de cambio a partir de un trabajo personal. En este terreno es donde debemos demostrar nuestra determinación para imprimir a nuestra personalidad el sesgo que deseamos. Seligman nos muestra el camino: propone apegarnos a seis valores universales que desglosa en 24 fortalezas.

Las fortalezas son aspectos a los cuales podemos acceder a lo largo de la vida para darles forma, ejemplo de ello es amor por el conocimiento, inteligencia social, perseverancia, integridad, imparcialidad, prudencia, gratitud, sentido del humor, etc. Éste es el verdadero trabajo para apropiarnos de la felicidad. Son variables emocionales que debemos incorporar en nuestra manera de ser y hacer las cosas. Aquí está la oportunidad de mejorar nuestra vida y orientarla hacia la felicidad.

El 10 % restante consiste en las circunstancias que nos rodean: casa, modo de vida, vida social, dinero, salud, religión, nivel de estudios, etc. Si lo que nos rodea constituye una fuente de felicidad o de desgracia se debe a nuestra interpretación de lo que tenemos y de lo que nos sucede. Este 10% está lejos de definir nuestra felicidad, la interpretación está totalmente en nuestras manos. Es un trabajo mental para aplicarnos el mensaje de John Milton: “La mente es muy suya, y por sí sola, puede convertir el cielo en un infierno, y el infierno en el cielo».

Debemos trabajar el dominio mental para manejar nuestras emociones de negativas a positivas, no es más que una práctica necesaria en el camino a nuestra felicidad. Las emociones negativas del pasado debemos transformarlas en emociones positivas, tal como dijimos: la ira, la tristeza, la resignación, debemos transformarlas en aceptación, serenidad y complacencia. Lo mismo debemos hacer con las emociones negativas del presente y del futuro. La clave es tener un sentido de propósito profundo, algo por lo cual luchar denodadamente, es nuestra misión en la vida. Si no lo has precisado te sugiero regresar al post correspondiente.

También es importante diferenciar entre la alegría pasajera y la felicidad verdadera. La alegría es fácil de producir con los placeres inmediatos, aquellos que apelan a nuestros sentidos, como disfrutar de un chocolate, un helado, una relación casual, una fiesta, etc. Pero hay placeres sublimes que son de nivel superior como contemplar un atardecer, tener un amor, ver una obra de arte, escuchar música, etc.

La felicidad implica vivenciar las emociones en su amplio sentido, lo mismo las positivas como las negativas. No se puede ser feliz siempre, es preciso aceptar los vaivenes de la vida. La felicidad es una vida plena, es un gozo permanente (o con mucha frecuencia), es sentirse a gusto con lo que somos y lo que tenemos, despejando de nuestra mente resabios de lo que pudo ser y no fue, o de aquellos anhelos que están distantes de nuestras posibilidades. Es aprender a vivir y gozar nuestra realidad y evitar fantasías que nos llevan por senderos inaccesibles. Los detalles te los he manifestado en un post anterior.

Te invito a reflexionar y sacar tus propias conclusiones acerca de la felicidad. Haz tuyo el tema y concreta las acciones específicas que te conducirán hacia una vida plena.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

PUBLIO SIRO: “Ningún hombre es feliz, a menos que crea serlo”.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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