Escucha el podcast: La Preparación Libre

Motivo de alegría enorme fue asistir a la reunión anual de egresados de mi generación IPADE. En un breve espacio coincidí con un amigo que tuvo la oportunidad de regir la dirección de recursos humanos en Deloitte, esa gran empresa de consultoría, según creo la más grande del país.

La plática me resultó sumamente aleccionadora y hoy te comparto lo que para mí fue revelador. Me comentó que al contratar a un candidato se le dice, para que sepa desde el principio, que se le contrata en calidad de profesional y que a partir de ese momento él está a cargo de su propia formación, la empresa le pondrá a su alcance los medios, pero es él el responsable de su éxito en la empresa. Este modelo (llamémosle A) únicamente funciona en una empresa poseedora de una cultura organizacional madura y estable, verdaderamente difícil de encontrar.

Otro modelo (llamémosle B), el más común, consiste en que el área de recursos humanos le hace un programa de capacitación a los trabajadores y ellos tienen que cursarlo. Recursos humanos está al pendiente y le da seguimiento, lleva un conteo de quien tomó cuál curso y cuánta calificación sacó. Este modelo reclama recordatorios frecuentes con ciertas dosis de motivación.

El modelo C sería otro donde se mezclan los dos modelos anteriores, pero se acompaña de un esquema de evaluación semestral donde se establecen rangos: los de 6 o menos, quedan condenados al despido; los de 7 y 8 se quedan en sus puestos actuales y los que califican arriba de 9 son candidatos al ascenso. Es decir, hay garrote y zanahoria.

El modelo A es aplicable únicamente en empresas maduras, poseedoras de una cultura organizacional bien estudiada y establecida. Qué delicia otorgar a cada trabajador la autonomía para decidir sobre su formación profesional: lee, estudia y participa en foros que son de su auténtico interés. El faro está muy claro y consiste en desempeñarse a la altura de los requisitos del puesto. La clave para un trabajador en este modelo está en poseer una claridad de visión acerca del puesto en que se desempeña, teniendo indicadores precisos que permiten una trazabilidad de los resultados de su gestión. Poder graficar el desempeño pasado, el actual y la proyección a futuro permite aplicar el libre albedrío para elegir los cursos a tomar. El futuro profesional de cada trabajador está totalmente en sus manos. Triunfa quien está comprometido con sus aspiraciones.

El modelo B nos esclaviza, requiere un equipo fuerte en el área de recursos humanos para brindar el seguimiento y el perseguimiento de la participación de los trabajadores en los cursos asignados. Además, el equipo tiene que encontrar distintos medios para mantener la motivación y conseguir que participen diligentemente en los cursos asignados. Este modelo B se aplica en empresas donde los jefes directos se desentienden de la capacitación y relegan esa responsabilidad pensando en que el área de recursos humanos tiene que resolverla. Es un modelo poco exitoso. Es una batalla continua. A la cultura de la empresa le falta cohesión y fuerza, es blandengue. Se fomenta el hábito de la dependencia y se desestimula el compromiso personal. Los trabajadores no se sienten dueños de su destino. No están comprometidos.

El modelo C consiste básicamente en el diseño de evaluaciones construidas profesionalmente de modo que permitan conocer con veracidad el avance en conocimientos y en desempeño de los trabajadores basados en indicadores disponibles para todos. Luego, es indispensable una estructura muy bien pensada de premios y castigos. La aplicación debe permitir la transparencia y la rendición de cuentas sin dar lugar a percepciones de injusticia o favorecidos. Este modelo C fortalece la cultura de la empresa porque encauza el esfuerzo común hacia metas precisas. Si se aplica bien, sin desviaciones, la firmeza de las decisiones puede hacer la diferencia hacia la grandeza institucional apoyada en el crecimiento de las personas que la conforman. Cada persona confía en que prepararse a fondo y desempeñarse adecuadamente, según los indicadores, es el único camino para progresar en la empresa.

Me resulta difícil pensar en un cuarto modelo, seguramente lo hay. Con estos tres estoy ilustrando lo que es frecuente en las empresas pequeñas y medianas. Hay grandes que están peor. Lo asombroso es confirmar que a la mayoría de los gerentes les parece intrascendente relegar esta responsabilidad, cuando es de la máxima importancia.  Las estadísticas internacionales nos muestran un México con bajos niveles de productividad del trabajo y, lo que es peor, allí donde sí tenemos una mejor situación como es el caso de Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro nos encanta denostarlos atacándolos como neoliberales y porfiristas. ¿Nada nos satisface?

A mi juicio, las empresas deben encontrar la manera de aplicar el Modelo C comenzando por definir con precisión sus indicadores de gestión a partir del mapeo de sus competencias globales y por área organizacional. Este mapeo debe ilustrarnos acerca de qué competencias están por desarrollarse en cada puesto y cómo establecer métricas para facilitar su monitoreo. Una vez hecho esto pasamos a elaborar mecanismos de evaluación que nos den certeza acerca del nivel de competencias reales en cada puesto. Luego, el diseño de una cartilla de aprendizaje que facilite la definición del programa de capacitación. Al final, la definición de los mecanismos de ascenso para quienes obtengan las puntuaciones máximas. Si tenemos todo definido con claridad ya podemos otorgar plena libertad en el camino de la preparación profesional, cada persona será responsable de su propio éxito.

En CENCADE hemos creado la plataforma MiCampus que facilita el otorgar libertad en la preparación para cada trabajador o trabajadora, puedes verlo en www.cencade.com.mx

Todo lo anterior es fácil de decir, pero en los hechos implica un gran esfuerzo de calidad profesional. Esto no es para principiantes, todo se reduce a trabajo y consistencia a lo largo del tiempo. La recompensa será una cultura laboral fuerte, cohesiva y exitosa en calidad y productividad.

Te invito a reflexionar y te deseo una semana feliz y productiva.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

BENJAMÍN DISRAELI: “El éxito en la vida está en prepararse para aprovechar la ocasión cuando se presente”.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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