Escucha el podcast: Alejar a la Felicidad

 

Sabemos de sobra que todos buscamos la felicidad y más aún, de acuerdo con la frase de Cantinflas, nuestro destino es “Ser felices y hacer felices a los demás”. Entonces, ¿cómo es que sin quererlo alejamos de nosotros a la felicidad?

 

Son muchas las prácticas en uso que nos llevan a desapegarnos de la felicidad y ni cuenta nos damos, veamos algunas de ellas para cuidarnos y evitarlas.

 

  1. Es la tendencia a pretender que todo sea ideal, perfecto, adecuado, justo lo que queríamos desde siempre. Así procedemos cuando buscamos a la pareja, la soñamos perfecta y gracias al influjo del enamoramiento caemos redonditos. Cuando nos enamoramos no vemos lo real, algo nos pasa que comenzamos a sublimar las características más inocentes y resulta que ella o él se convierten, por el efecto de una magia oculta, en los seres más divinos sobre la tierra. Que nadie se atreva a decirnos algo en contrario porque lo negamos y hasta dejamos de hablarle. Toma su tiempo regresar a tierra y para entonces resulta que ya es demasiado tarde, ya hasta vivimos el encantamiento sacerdotal que nos bendice y a partir de allí “vivieron eternamente peleados”.

Una vez casados el punto es no saberse acomodar a la nueva situación, seguimos lamentando no tener a la pareja ideal. Mientras más persistimos en nuestra idealización, más nos amargamos la vida, en lugar de poner las cosas en su lugar y aceptar las realidades que estamos viviendo. Alejandra y Narciso vivieron un noviazgo sumamente feliz con fiestas, excursiones y momentos múltiples de alegría, pero una vez casados comenzaron a descubrir los pequeños defectitos que los caracterizaban y al no poder tolerarlos, simplemente se divorciaron a los seis meses de haberse casado.

 

No hay trabajo perfecto, pero el anhelo de tenerlo es frecuente. Iván entró a trabajar a la empresa y desplegó su magnífico entusiasmo en los primeros tres meses, gozó de admiración de los distintos jefes de la empresa, llegaba temprano, producía mucho y se quedaba tarde haciendo labores adicionales que nadie le pedía; sin embargo, sus compañeros se le acercaban para decirle “no pongas el mal ejemplo, así, tranquilos la llevamos bien”. Después de esa luna de miel laboral, Iván comenzó a sentirse a disgusto en la empresa, hacía notar con énfasis las cosas que pasaban y no le gustaban, esa actitud comenzó a disgustarle a su jefe directo. A Iván le molestó que se lo hicieran notar. Al cabo del año decidió que esa empresa no era para él y renunció. Lleva tres cambios de empleo en los últimos cinco años. Su ímpetu inicial no es más que una llamarada de petate.

 

Además de la pareja y el trabajo, quienes gozan idealizando las situaciones comienzan a trastornarse porque nada les satisface, todo es defectuoso, insuficiente e inadecuado para sus aspiraciones ya sea la casa, el vecindario, el auto, la ropa o cualquier cosa que posea, la actitud se vuelve permanente y no nos damos cuenta que cada incomodidad se vuelve un palazo más para cavar profundo en la tumba de nuestra infelicidad.

 

  1. Una de las causas más frecuentes de infelicidad es el dinero, especialmente el que nunca alcanza. No advertimos que el problema es nuestra incapacidad para ajustar nuestra vida al nivel de los ingresos que obtengamos, sean cuales sean. Como es natural siempre queremos más de lo que tenemos y si no nos alcanza, pues fácil, para eso son los créditos. Con ello empeoramos nuestra situación porque después seguiremos con los mismos ingresos, pero ahora con pagos adicionales. Aquí es donde entra la conveniencia de los famosos “pagos chiquitos” de las supertiendas. Ellas hacen posible que muchas personas con ingresos limitados puedan tener su refrigerador, su tele, su recámara o lo que sea necesario. Claro que la supertienda nos cobra tres veces el valor del producto, pero si decidimos ahorrar para comprar de contado resulta que para ese momento el precio es más elevado. Al cabo de los años se logra acumular bienes necesarios.

 

  1. AMBIENTE TÓXICO. Una de las mayores desgracias es la de estar en un ambiente donde abunda el “bullying”, el acoso, el maltrato, la burla, etc. Mariana se casó a los 19 años y tan sólo tres años después ya estaba de madre soltera con dos bebés. Con ayuda de su madre logró salir adelante y hoy, cuando los niños ya tienen 10 y 8 años, el marido regresa y le pelea judicialmente la posesión de uno de los niños, diciéndole que le dejará el otro. Lo peor es que el juez considera que es justo que cada quien se quede con uno de los hijos. Este infierno provocado por un patán hace infelices a mucha gente y resulta cuesta arriba componerlo. No todas las situaciones son tan desafortunadas, pero sí abundan las faltas de consideración y respeto entre familiares y amigos. Creamos ambientes tóxicos.

 

  1. CREENCIAS INADECUADAS. A lo largo de la vida vamos dando forma a nuestra manera de pensar, poco a poco, vamos incorporando percepciones de la realidad, puntos de vista ajenos que los hacemos propios porque nos gustan. Esta acumulación de juicios nos lleva a tener opiniones firmes acerca del mundo y de lo que ocurre en él. Aquellas creencias que no están ajustadas a la realidad nos provocan reacciones que están fuera de nuestro control, nos causan infelicidad porque nos cuesta trabajo desprendernos de ellas, nos empujan a conflictos y discusiones donde son los demás quienes no comprenden. Estamos lejos de entender que son nuestras creencias las que nos hunden en el pantano de la infelicidad.

 

  1. HÁBITOS ARRAIGADOS. Cualquier acto que hagamos con frecuencia corre el riesgo de encontrar terreno fértil en nuestro ánimo y luego no podemos deshacernos de ello. Así como valió la pena la lucha de nuestra madre porque incorporáramos el hábito de lavarnos los dientes cada día, hay muchos hábitos que los hicimos nuestros sin cuestionarlos y ahora resulta que nos hacen daño, ya sea el desorden que tenemos en el clóset y que se refleja en desorden mental y baja productividad en nuestro trabajo. Ya sea la pereza en lugar de hacer ejercicio físico con cierta regularidad, o cualquier otro hábito.

 

  1. DISTRACCIONES OCASIONALES. Estamos en una conversación y comenzamos a divagar, perdemos la esencia y luego contestamos algo ligero que tiene nada qué ver con el tema. Estamos en una reunión social con familiares y amigos y nos distraemos pensando en cosas ajenas al motivo que nos reunió.

 

Sin conciencia clara nos alejamos de la felicidad para desgracia nuestra. Tan fácil que sería corregir esos vicios. Recordemos la importancia de nuestra misión en esta vida “ser felices y hacer felices a los demás”. Lo contrario es contribuir a la infelicidad de quienes nos rodean. Por ello, cada semana te deseo una semana FELIZ Y PRODUCTIVA.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

DALE CARNEGIE: “Actúa como si ya fueras feliz y eso te llevará a sentirte feliz”

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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