La Efectividad en Juego

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¿Quién no quiere ser más efectivo? Solo aquellos que son apáticos e irresponsables no aspiran a ser más efectivos. Aman las excusas y los pretextos más que los resultados efectivos. Son los que no quieren lo que dicen querer. No se comprometen con sus propósitos.

Mi batalla personal consiste en que todos comprendamos que la efectividad es la responsabilidad fundamental de todo líder. Allí donde hay un grupo social de dos o más personas se requiere efectividad, es decir, lograr resultados al costo menor posible.

¿Cuáles resultados? Cada grupo social debe tener claridad de su “¿para qué?” Una pareja crea un hogar, tiene hijos, les proporciona escolaridad, les da ejemplo, les modela valores, etc.; una asociación de condóminos proporciona orden, tranquilidad, etc.; una empresa necesita rentabilidad, clientes estables y leales, una base de trabajadores capaces y comprometidos, etc.; un país necesita brindar tranquilidad para gozar en sociedad, educación, bienestar, etc. Cada grupo social tiene un responsable de obtener resultados: el líder a cargo.

Entonces, ¿cómo podemos ser más efectivos? Veamos linealmente este proceso: un líder da órdenes con base en planes o caprichos; luego, los subordinados (el pueblo bueno) reaccionan: no hacen lo que se les pide, lo hacen deficientemente, lo hacen a medias, lo hacen bien o son excepcionales. El siguiente paso es la clave: ¿cómo reacciona el líder? Ignora, castiga, felicita o premia. ¿Qué hace realmente el líder? ¿Qué haces tú?

En síntesis, si el líder en cuestión maneja bien las consecuencias crea un círculo virtuoso hacia mayor efectividad y el grupo social logra una mayor satisfacción derivando hacia un crecimiento y desarrollo de sus integrantes; por el contrario, si el líder en cuestión maneja mal las consecuencias crea un círculo vicioso en el comportamiento y en el clima del grupo social, provocando malestar y decaimiento que luego culpa a los miembros sin señalarse a sí mismo como principal responsable del desastre.

Estamos rodeados de grupos sociales, uno mismo, tú y los demás, todos, pertenecemos a varios grupos sociales: uno en la casa, otro en el trabajo, otro en la colonia, otro el de los amigos, etc. En el mundo hay más grupos que personas. Ahora bien, ¿te queda claro que el funcionamiento armónico y efectivo de cada grupo depende del líder? Si es del país dependemos de un gran líder, si es de una secretaría de estado dependemos de ese secretario, si es de la casa dependemos de la efectividad de ese líder (mamá o papá). Si tenemos una organización dividida o confrontada unos con otros ¿es por casualidad o por un líder que lo provoca o que lo consiente?

Ahora bien, ¿has observado el nivel de efectividad en tu grupo social? A veces, nos limitamos a decir: “me complace formar parte de este grupo” en otras “qué pérdida de tiempo, ya no vuelvo a una reunión más…” y así por el estilo. Te dejo de tarea: asocia tu percepción del grupo con el nivel de efectividad del líder. ¿Cuál? Tal vez eres tú mismo.

Son reflexiones para tu beneficio.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

No dejes de leer: “…esto sucede a muchas empresas que viven una inmensa alegría cuando logran un gran comprador y pierden de vista que están poniendo en altísimo riesgo al negocio completo” página 102 de LIDERAZGO FALLIDO. DEL ERROR TAMBIÉN SE APRENDE. Editado por Granica.

 

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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