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En la obra teatral “Extraños en un tren”, basada en una novela de Patricia Highsmith, dos tipos coinciden en el bar de un tren en marcha. Después de una amena conversación caen en la cuenta que ambos son millonarios, pero no pueden disfrutar de su fortuna, porque en un caso hay un padre, quien ostenta los millones y no deja al hijo gastarlos. En el otro caso es una esposa. Urden un plan para que cada uno asesine al carcelero del otro, confiados en que la policía al no encontrar ningún móvil, no podría perseguirlos. Así lo hacen y por supuesto, acaban mal.

En la escuela a todo aquel que copia y lo cachan acaban reprobándolo. La frase lapidaria de papá y mamá, la de todos los maestros a lo largo de la vida, siempre ha sido: haz algo bien y recibirás premios, haz algo mal y el castigo te llegará. La práctica generalizada del palo y la zanahoria, para los malos y los buenos respectivamente, es universal.

¿Qué pasa cuando se invierte esta regla maravillosa de la vida? ¿Qué le sucede a la gente que obtiene buenos frutos de portarse mal? ¿Hasta dónde puede llegar?

El Presidente de Francia, Francois Hollande, se vio envuelto en un escándalo por tener convivencia marital sin estar casado y convivir con ella en el Palacio del Elíseo. Al mismo tiempo, un diario francés dio a conocer sus relaciones extramaritales con una actriz. Para curarse en salud, el Presidente fue recibido en el Vaticano para entregar al Papa una lujosa biografía de San Francisco de Asís. Es de sospechar que, también, fue a confesarse. En cambio, la que vivía en el palacio presidencial fue a parar al hospital ocho días para tratarse una crisis de fatiga nerviosa.

Está de moda en México que los políticos gastan una gran cantidad de dinero en la difusión de su imagen, ya sea porque acaban de ganarse las elecciones, por dar su informe anual o porque hicieron algo, aunque por eso les pagamos. ¿Cuál es la consecuencia? ¿Acaso sufrir un castigo por hacer uso de recursos públicos en beneficio personal? No. Por supuesto que no. Ellos han aprendido que así fortalecen su carrera política y años más tarde los vemos en posiciones de mayor envergadura, desde donde tendrán más dinero para seguir con las mismas prácticas.

En las capitales del país y, en particular, en la Ciudad de México, se sufre una interminable presencia de manifestaciones y bloqueos, que ocasionan a los ciudadanos inocentes una gran cantidad de molestias y daños en sus propiedades. Se repiten y se repiten en un ascenso impresionante. ¿Por qué lo hacen? Porque las marchas y los plantones significan dinero, recompensas políticas, para quienes los organizan. Hay veces que no dan la cara, sólo se sospecha de “la mano que mece la cuna”. ¿Van a terminar su práctica de bloquear y perjudicar a los ciudadanos que sí trabajan? No. Por supuesto que no.

Hace unos días pasé enfrente de las oficinas de un líder sindical. La calle estaba atestada de personas solicitantes de plazas para trabajar. Era notorio el abundante número de mujeres vestidas de manera provocativa, cortas minifaldas y grandes escotes. Adentro de la institución abundan las compañeras de trabajo que visten de la misma manera y al comentar eso a una persona que trabaja allí me dijo: “es que les funciona, allá afuera para conseguir el empleo y aquí adentro para obtener ascensos”. ¿Es razonable esperar buenos comportamientos si los malos dan tan buenos resultados? No. Por supuesto que no.

En una empresa vi que varias personas tenían en la pantalla de su computadora cosas totalmente ajenas a su trabajo. Cuando lo comenté con una persona que trabaja allí, me dijo: “el jefe lo sabe, pero no hace nada, sólo se queja de que hay baja productividad”. ¿Puede esperar esa empresa mejores índices de eficiencia y una mayor capacidad de respuesta a sus clientes? No. Por supuesto que no.

Estamos en una época en donde se cuentan con profesionistas que tuvieron el enorme privilegio de llegar hasta las aulas universitarias. Ya no podemos utilizar el látigo ni los castigos con personas de semejante nivel intelectual, entonces ¿cómo hacerle? No queda más remedio que apelar a un estadio superior de conciencia, recalcar el regreso a los principios básicos, los valores, las creencias y los comportamientos basados en ellos. No solamente una vez, sino constantemente. Se trata de precisar y perfeccionar el ADN de la empresa y actuar por su vigencia en la práctica.

En las empresas debemos alinear los buenos comportamientos con las consecuencias apropiadas, mientras dejemos que las cosas sigan invertidas, obtendremos más de lo mismo, pero cada vez peor. De nada sirve llenarnos de leyes de igualdad laboral, reglamentaciones de prevención del hostigamiento y acoso sexual, de derechos humanos, de prevención del lavado de dinero y tantas más, si las consecuencias no corresponden a lo que necesitamos para prosperar.

ClippersEn la liga de basketball (NBA) de los Estados Unidos, al dueño de un equipo (Clippers) se le ocurrió expresarse discriminatoriamente de los afroamericanos. De inmediato se le multó con 2.5 millones de dólares y se le obligó a vender el equipo, vetándolo de por vida de esa disciplina deportiva.

En España un asistente al estadio de su equipo se le ocurrió aventarle a (Danny Alves) un jugador del equipo contrario al Barcelona, un plátano. Danny se lo comió y reaccionó favorablemente, pero la directiva del equipo anfitrión localizó a este joven de 25 años de edad y lo vetó de por vida para entrar a ese estadio de fútbol.

Reflexionemos y…actuemos buscando que las consecuencias buenas lleguen a quienes tienen comportamientos buenos. Nunca al revés. ¿Por qué en Estados Unidos y en España sí y aquí entre nosotros no?

Alfredo Esponda Espinosa
www.elearningcencade.com
01(55)5272 4850

2 comentarios

  1. Excelente imágen del blog y aún mejor los artículos; esperaré los siguientes con asiduidad.
    Felicidades y que haya mucho éxito Alfredo, porque se necesita de tu talento, experiencia y, sobretodo de tu probada integridad y trabajo, tan profesional como siempre.
    Que haya mucho éxito!!

    Martín E. Espinosa

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