Líder Preparado con bases Carcomidas

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En 1989 nuestros hermanos venezolanos se regocijaron al elegir como Presidente a Carlos Andrés Pérez. Había lucido antes como uno de los mejores presidentes de la historia de ese país durante su primer periodo 1974-1979.

La reflexión era válida. Si este hombre fue extraordinario la primera vez, ahora para un segundo mandato hará de Venezuela un mejor país. Se le dio escasa importancia al hecho de que su primer mandato coincidió con el embargo petrolero árabe que inundó al país de petrodólares.

Sin duda, el hombre estaba mejor preparado y poseía enorme experiencia para ejercer el cargo por segunda ocasión. Sucedió lo contrario. Carlos Andrés Pérez fue acusado de malversación de fondos y la Corte Suprema de Justicia del país lo destituyó por actos de corrupción.

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El Líder es el Líder… ¿Y Qué?

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Existe un debate muy serio entre sociólogos y politólogos acerca de la fortaleza de las instituciones, sean públicas o privadas. Tal pareciera que si una institución existe no hay nada que pueda cambiarlas o derribarlas.

Mi experiencia documentada me lleva a la conclusión de que esto es falso, completamente falso. Todo es cuestión de tiempo. Mucho de él se requiere para crear, dar forma y fortalecer una institución. Lo que toma años crear, puede ser destruido en meses.

 

La institución presidencial de los Estados Unidos es sumamente poderosa y sus contrapesos también lo son. No hay duda, pero ello no significa que las instituciones puedan sostenerse por sí mismas.

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La Credibilidad de un Líder

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Trabajé en una empresa donde el contralor general era aficionado a pedir prestado, para luego no pagar. Los días de quincena no se le miraba ni el polvo. Dos días después argumentaba que se había quedado sin dinero, es más, hasta te pedía crédito adicional.

Ese contralor general gozaba de un puesto sumamente importante en una empresa de 600 trabajadores. Su fama como deudor incumplido era ampliamente difundida por los afectados, no es una exageración decir que “todo el mundo lo sabía”.

Trabajó conmigo un gerente de ventas que era aficionado a coquetear con cuanta secretaria se encontraba. En una ocasión, un cliente que era director general, me llamó para pedirme que ese tipo no se volviera a parar en su empresa. Fue cuestión de tiempo, dos meses después nos canceló la cuenta.

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