¿Por qué tienen Éxito los Charlatanes?

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El periodista John Ganz del New York Times rescata datos de un libro publicado en 1937 y que, a su vez, trae datos del Siglo XVI, todo sobre los charlatanes. Este excelente artículo me llegó gracias al notable escritor Luis Castañeda Martínez, a quien agradezco esta fuente.

La escritora alemana Grete De Francesco escribió un libro intitulado “El poder de los Charlatanes”. Por cierto que, siendo alemana, tuvo que publicarlo en Suiza en virtud a que era la época del arquetipo de los charlatanes: Adolfo Hitler. Nos dice Grete que la palabra se deriva del italiano “ciarlatano” que proviene del verbo “ciarlare” que significa: “parlotear o hablar incesantemente sin reflexión”. Los charlatanes originales eran capaces de hipnotizar a sus audiencias.

Desde el Siglo XVI nos dice que existieron en las esquinas y en quioscos de los pueblos curanderos y saltimbanquis que usaban su charlatanería para vender alguna opinión o algún elixir, desde ungüentos y pomadas hasta jarabes que podían salvar de infartos. De allí surgen los demagogos que son capaces de engatusar a todos aquellos que prestan sus oídos para escuchar maravillas de la creación hasta promesas de salvación para ingenuos.

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La Rueda de la Innovación I

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“Quien tiene como única herramienta un martillo a todo le ve cara de clavo”, es muy probable que hayas escuchado esto en varias ocasiones; sin embargo, no le hacemos caso. Ignoramos que la rueda de la innovación gira y gira, cada vez más rápido.

Nos aferramos a lo que ya conocemos, a lo que nos gusta, a las ideas anquilosadas que expresamos una y muchas veces. Por supuesto, si en el pasado tuvimos una práctica o un método que nos funcionó porque nos arrojó los resultados que esperábamos, es terrible, pero seguimos apegados a ello como si el mundo del Siglo XXI y este año fueran iguales al pasado.

Hace más de 30 años, en los tiempos de Carlos Hank González y de Ramón Aguirre Velázquez, se habló de la conveniencia de reciclar los desechos que producimos los habitantes de la Ciudad de México, entonces Distrito Federal.

En ese entonces, tiempos del populismo Lópezportillista, se atendieron los reclamos de la Asociación de Pepenadores. Eran tiempos en que resultaba imposible plantear la incorporación tecnológica porque dejaríamos sin fuentes de trabajo a miles de ciudadanos dedicados a esa abnegada labor. La empresa suiza Buhler presentó una propuesta de una planta que transformaría los desechos en fuente de energía, tal como ya lo hacían en varios países europeos. Ya te imaginarás los argumentos: “imposible, no permitiremos que una empresa trasnacional venga y deje sin trabajo a nuestros pepenadores”.

Esa resistencia al avance tecnológico propició que ocupáramos rellenos sanitarios que se fueron saturando uno tras otro, hasta ya no tener espacio en el territorio del antiguo Distrito Federal, lo cual obligó a invadir a nuestro vecino, el Estado de México.

Con timidez y con temor se fueron creando plantas procesadoras pero a la fecha únicamente procesan 300 toneladas diarias y el desecho se fue acumulando. ¿Tienes idea de cuánta basura producimos los habitantes de esta Ciudad?

Cada uno de los habitantes desechamos en promedio un kilo cuatrocientos gramos diariamente, lo cual nos lleva a 12,800 toneladas diarias. ¿Dónde colocarlas? Son un estorbo permanente. A esta fecha estamos pagando el precio de la ideología populista. No es solamente el lastre de arrastrar la rémora de una decisión no tomada, es la pérdida económica y social de no trasformar en energía, en riqueza, una materia que tecnológicamente se aplica desde hace muchos años en países más avanzados.

Según datos oficiales el 47 % de los desechos proviene de los hogares, el 29 % de los comercios, 15 % de los servicios y el resto (9 %) de otras actividades. Por supuesto son residuos orgánicos, papel y cartón, vidrio, plástico, pañales desechables, aluminio, ropa vieja, fierro, latas y otros objetos diversos (fuente: CONACYT).

En Wikipedia se nos dice que “gracias al reciclaje se previene el desuso de materiales potencialmente útiles, se reduce el consumo de nueva materia prima, además de reducir el uso de energía, la contaminación del aire y del agua, así como también disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero…”.

Por supuesto, podemos continuar aferrados a la idea de que debemos proteger los empleos de los pepenadores y continuar acumulando basura para colocarla en lugares cada vez más lejanos a la CDMX con el consecuente incremento de costos. También se abre la posibilidad de que nos incorporemos al avance tecnológico venciendo la resistencia usual a la innovación.

En los próximos capítulos de esta serie LA RUEDA DE LA INNOVACIÓN te comentaré de las soluciones que ya se están aplicando y que se vislumbran como un remedio tardío, por algo, el oaxaqueño José Vasconcelos decía: “México siempre llega tarde a la mesa de la prosperidad”.

Te invito a reflexionar en tus asuntos personales ¿A qué te estás aferrando? ¿En cuál método del pasado confías? ¿Qué cosa que te produjo satisfacción sigues haciendo hoy como si nada hubiera cambiado? Haz un acto de contrición y reconoce tus fortalezas frente al cambio: lo buscas incesantemente, aplicas las nuevas ideas que descubres y lo que haces hoy es muy diferente a lo que hacías el año pasado. Suerte, que disfrutes una semana feliz y productiva.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: TOMAR LA INICIATIVA Y ADELANTARSE A LOS CAMBIOS ES UN SELLO DE LOS LÍDERES, ¿LO HACES TÚ? MANTÉN TU RADAR ESCUDRIÑANDO EL HORIZONTE. ELIJE DIRIGIRTE Y NO SER DIRIGIDO.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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Líder Engañabobos

Foto: https://tecnicashablarenpublico.com/blog/las-5-c-que-todo-orador-debe-aplicar-para-impactar-con-su-mensaje/

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Por mi dedicación al tema de liderazgo, durante muchos años, he mantenido atención sobre ascensos y caídas de líderes políticos y empresariales. Por este motivo, confieso que frecuentemente me dejo engañar por afirmaciones que suenan fidedignas, acabo creyéndolas porque tengo la esperanza de que ¡al fin! un líder auténtico arroje resultados felices.

Así me ha sucedido en varias ocasiones. Me llegó por redes sociales un discurso de toma de posesión y me encantó, una vez más, caí redondito. El nuevo mandatario planteaba a sus compatriotas: “¿Qué significa ser un país moderno? Significa que las desigualdades entre los más pobres y los más ricos deben resolverse…” y continuaba “¿Cómo poner más dinero en el bolsillo y en los hogares? Emparejando el acceso a servicios esenciales que hoy son escasos o inexistentes…cerrando brechas…y poniendo el bienestar de las personas como el objetivo fundamental de cualquier cambio o reforma”.

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