¿Qué te Estás Provocando?

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Una tarde de sábado pasé a visitar a mi amigo Carlos. Él se sentía muy mal y al enterarme fui de inmediato. Tenía un par de meses muy delicado. El año anterior le diagnosticaron cáncer de próstata, pero a un nivel muy bajo. Decidió no atenderse porque no le pareció peligroso. Después le enteró el médico que estaba padeciendo metástasis. Inició un tratamiento urgente. Recibió algunas quimioterapias. El cáncer había pasado al estómago y siguió avanzando.

Esa tarde que fui a visitarlo me lo encontré con dos tanques de oxígeno. El cáncer había avanzado hacia el pulmón. Le costaba trabajo respirar. Lo vi sufrir estoicamente, aunque nunca se quejó. Carlos siempre estuvo rodeado de su maravillosa familia, gozaba del apoyo emocional más intenso y cariñoso que pudiéramos desear. Su médico, muy reconocido profesionalmente, siempre atento a su paciente y amigo.

Esa tarde conversamos sobre muchos temas. Él seguía lúcido y con toda esa afabilidad y buen sentido del humor que siempre le caracterizó, excepto después de un rato en que comenzó a abrirse conmigo y compartió su viacrucis. Fue después de varios minutos de plática que me cimbró y me dejó un mensaje que se me incrustó en todo mi ser para no olvidarlo jamás. Hoy te lo comparto.

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