Las Seis Virtudes Universales Parte II

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¡Hola! Continuaremos con el enfoque de las seis virtudes y 24 fortalezas que plantea el padre de la Psicología Positiva, el Dr. Martin Seligman, en su recomendable libro La Auténtica Felicidad.

En el post anterior dejamos claro cómo se asocian las fortalezas con las virtudes y éstas con la felicidad. Lo elemental: no hay autopista hacia la posada de la felicidad. Si queremos hacer de la felicidad nuestra misión en la vida, ésta nos llega a través de cultivar y aplicar nuestras fortalezas.

Es prácticamente imposible vivir de acuerdo con las 24 fortalezas, pero sí debemos conducir nuestro comportamiento apegado a ellas y apoyarnos sólidamente en las fortalezas que se acomodan mejor a nuestra manera de ser y de sentir la vida.

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Las 6 Virtudes Universales Parte I

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El diccionario nos dice que una virtud es “la habilidad, facilidad o disposición para llevar a cabo determinadas acciones adecuadas al hombre”. “La virtud no es innata; sólo hay disposiciones para ella y se adquiere únicamente con el ejercicio serio y duradero. Su opuesto es el vicio interpretado como la forma inadecuada de actuar”.

El célebre autor de La Inteligencia Emocional, Daniel Goleman, afirma “por fin la psicología se toma en serio el optimismo, la diversión y la felicidad”. Veíamos en podcast anteriores que la felicidad “es un estado de ánimo asociado a satisfacción, estar a gusto, complacido, contento”, es en síntesis, sentirse bien con uno mismo. ¿Y qué debemos hacer para ser felices?

Martin Seligman, el autor de La Auténtica Felicidad, nos dice “la verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las fortalezas más importantes de la persona y de su uso cotidiano en el trabajo, en el amor, el ocio y la educación de los hijos”.

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Lo que le Debemos a la Calidad

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Las nuevas generaciones son muy afortunadas. No vivieron la época de televisores con rayitas, antenas que necesitaban redireccionamiento frecuente (había que subirse a la azotea), automóviles que se descomponían y dejaban tirados a sus dueños a medio camino, lavadoras que no lavaban, refrigeradores que no enfriaban, licuadoras que rompían el vaso a medio batir, y muchos, muchísimos etcéteras.

Aún hoy nos quejamos por las fallas que reportan los artículos que utilizamos. Es cierto. No existen productos perfectos. Continúan sin darnos satisfacción plena, pero no hay comparación. El avance logrado es significativo.

Lo trascendente consiste en que en pleno Siglo XXI los consumidores ya tenemos una conciencia de exigencia que antes no existía. Nos aguantábamos, nos dieran lo que nos dieran. Hoy reclamamos y planteamos la reparación del daño. Levantamos demandas, aunque no todas fructifiquen. En paralelo a esto, contamos con instituciones encargadas de protegernos y ayudarnos en estas reclamaciones, es el caso de la PROFECO (que defiende a los consumidores), la COFEPRIS (nos defiende de los riesgos sanitarios), el INAI (la protección de datos personales), protección civil, PROFEDET para la protección a los trabajadores, etc.

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