Nunca es Tarde para…

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¿Para cuándo harás lo que te propones? Cada comienzo de año nos llenamos de buenos propósitos. Sobreviven las primeras dos o tres semanas y luego pasan al olvido. ¿Qué has dejado pendiente?

A continuación te expongo un caso ejemplar de cómo una persona no tiene límite para llevar a cabo su propósito. Algo debemos aprender de esta historia.

Se trata de un hombre que vivió anhelando “una sola oportunidad, Dios mío, dame una sola que yo la aprovecharé”. Sus padres fueron muy pobres, llegaron a Estados Unidos en calidad de inmigrantes, eran de origen checo. De modo que a los 16 años se metió a la Cruz Roja a tomar un curso para conducir ambulancias y ser enviado al frente de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Cuando estaba listo se terminó la guerra y volvió a quedarse sin trabajo.

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Una Estrategia para la Diferenciación

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Ser lo mismo que tus competidores te remite a competir únicamente por precios bajos. Diferenciarte de tus competidores es la esencia de una estrategia competitiva. Ahora bien, ¿cómo consigues esa diferenciación? Hay muchas estrategias posibles, pero en este blog trataremos una: un servicio excelente.

Esta herramienta para alcanzar ventaja competitiva no es únicamente para organizaciones, también a nivel personal funciona desarrollar una mentalidad de un servicio excelente y, si no, pregúntale a tu jefe.

El movimiento internacional por un servicio excelente tuvo su despegue y auge en los años ochenta. No faltará quien piense que fue una moda y, por lo tanto, podemos ignorarla. Pero no es así, el tema se ha quedado por su aportación a la estrategia. Desde esa época, hemos sido testigos de la publicación de una enorme cantidad de investigaciones y libros con este tema.

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¿Qué te Estás Provocando?

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Una tarde de sábado pasé a visitar a mi amigo Carlos. Él se sentía muy mal y al enterarme fui de inmediato. Tenía un par de meses muy delicado. El año anterior le diagnosticaron cáncer de próstata, pero a un nivel muy bajo. Decidió no atenderse porque no le pareció peligroso. Después le enteró el médico que estaba padeciendo metástasis. Inició un tratamiento urgente. Recibió algunas quimioterapias. El cáncer había pasado al estómago y siguió avanzando.

Esa tarde que fui a visitarlo me lo encontré con dos tanques de oxígeno. El cáncer había avanzado hacia el pulmón. Le costaba trabajo respirar. Lo vi sufrir estoicamente, aunque nunca se quejó. Carlos siempre estuvo rodeado de su maravillosa familia, gozaba del apoyo emocional más intenso y cariñoso que pudiéramos desear. Su médico, muy reconocido profesionalmente, siempre atento a su paciente y amigo.

Esa tarde conversamos sobre muchos temas. Él seguía lúcido y con toda esa afabilidad y buen sentido del humor que siempre le caracterizó, excepto después de un rato en que comenzó a abrirse conmigo y compartió su viacrucis. Fue después de varios minutos de plática que me cimbró y me dejó un mensaje que se me incrustó en todo mi ser para no olvidarlo jamás. Hoy te lo comparto.

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