¿Peleas o Negocias?

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A Lucio siempre le dio por armar broncas. Era su naturaleza, no tenía otra manera de reaccionar. La primera vez que me retó comenzamos a jalonearnos. El maestro Tony intervino y nos dijo: muchachos vengan para acá, y nos llevó al centro del patio de recreo. Pidió a su asistente un par de guantes de box. Le aclaré al maestro que no me interesaba arreglar a golpes una disputa por algo intrascendente.

No quedó más remedio que fajarnos. Me ganó, por supuesto. Lucio era un peleador nato. Cuando terminó la pelea le dije a Tony: Maestro, aun así, yo tengo la razón, ¿por qué no nos escucha y usted decide?

Se trataba de la asignación de la cama para dormir en el internado. Yo tenía todo el semestre anterior en una cama y Lucio, que acababa de llegar, quería quitármela. El maestro nos escuchó y acabó con la discusión al decirle a Lucio: “Te toca la otra cama, tienes que respetar lo que ya está asignado”.

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¿Quién Guía tu Camino?

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Es frecuente escuchar a personas soberbias afirmar que son los amos de su destino u otras que dicen que son los capitanes de su alma. ¿Es cierto esto?

Hace pocos años el Dr. Paul McLean emitió su teoría del cerebro “triuno”. Consiste en comprender que tenemos tres cerebros combinados que gobiernan nuestra conducta.

El primer cerebro es el reptiliano, un vulgar cocodrilo que reacciona como lo que es: un animal. No piensa, no decide, sólo actúa irracionalmente, por impulsos. Es en esencia, lo más primitivo que hay en nosotros. ¿Qué tan cerca estamos del primitivismo? Imaginemos una escena: estamos llegando tarde a una reunión importantísima, la calle está congestionada, no hay lugar para estacionarnos. A lo lejos vemos un lugar y aceleramos, en eso vemos que un auto se mete en sentido contrario para ganarnos ese lugar. Le prendemos las luces, le tocamos el claxon y le gritamos “yo lo vi primero”. Nos gana el lugar y nos volvemos unos salvajes. Nos brota el primitivismo irremediablemente. Perdimos el control y no sabemos por qué.

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