Y la Calidad… ¿Dónde Quedó?

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En la década de los ochenta hubo un furor por los programas de calidad. Proliferaron los programas con especial énfasis en las grandes armadoras.  En Ford el Q1, en General Motors el Full Approval, en Chrysler el Pentastar, y así en muchas industrias.

En abril de 1981 fui enviado a tomar un curso sobre calidad total  en Chicago con el Padre del Movimiento Internacional de la  Calidad, el Dr. William Edwards Deming. Recuerdo que vine cargado de documentos y experiencias directas. El despacho organizador del evento, ubicado en la icónica Torre Sears, nos proporcionó mucho material de sus casos de éxito.

El disparador de este movimiento fue un documental trasmitido por la NBC que se intitulaba “si los japoneses pueden, ¿por qué nosotros no?” Eran momentos angustiosos para la economía estadounidense. El público norteamericano tenía fiebre por consumir productos japoneses. Lee Iacocca, el Presidente de la Chrysler, lanzó un reclamo al consumidor estadounidense por preferir los productos importados y les preguntaba:

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La Ventana de Carlos Slim

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En ocasiones una sola declaración proporciona la idea de la calidad de quien la emite. El empresario Carlos Slim declaró a Bloomberg, y lo reprodujo el periódico Reforma: “Estoy optimista que con las bajas tasas en el largo plazo, las oportunidades para invertir en nuestros países (toda la América Latina) son considerables”. Agregó: “Tenemos que aprovechar esta GRAN VENTANA mientras dura”.

Un verdadero estratega busca estas ventanas de oportunidad y les toma el pulso para entrar en acción con la mayor anticipación posible, ganándoles la partida a sus competidores.

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NO ES POR FALTA DE CAPACIDAD…

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Fue en una reunión de la ASTD que escuché decir a un alto ejecutivo de una trasnacional “es que en México no hay talento”, suficiente para que unas valientes compañeras asistentes lo acribillaran. Es probable que él se estuviese refiriendo a suficientes candidatos que no manejan cuatro idiomas, que no tienen doctorado, que no tienen experiencia internacional, etc. Es de suponer que él estaba pasando por el trago amargo de no encontrar candidatos idóneos para un nuevo puesto, no había petulancia en el tono, era sincero.

La tasa de rotación en el nivel ejecutivo y de mandos medios es tremendamente elevada. En algunos casos ellos mismos se van en busca de mejores condiciones de trabajo, lo cual aumenta la movilidad y eso no es malo.  En otros casos, se van porque les hacen la vida imposible, el trato con sus jefes es intolerable, lo cual es pésimo, pero no tan malo.

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