Liderazgo: Sus Tres Pilares

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Esta vez, la comida de Nochebuena transcurrió normal. Fue el clásico ambiente familiar donde todos manifestamos alegría y buena disposición para mostrar afectos. La anfitriona (mi cuñada) puso, como de costumbre, una excelente mesa, con la salvedad de que no fue en su jardín sino en el interior de la casa. La lluvia ligera pero con frío intenso nos metió a todos.

Después de abrazos y buenos deseos, algunos parientes comenzaron a retirarse. Quedamos únicamente doce más la estrella de la noche: Nuria. Ella, una jovencita de escasos doce años de edad, nos reunió a todos y nos pidió que nos subiéramos a la planta alta de la casa y nos encerráramos en el cuarto de la televisión porque nos tenía una sorpresa.

Encerrados nos preguntábamos de qué se trataba todo eso. Nadie sabía. No había idea alguna. El misterio comenzó a rondar y a despertar especulaciones. No faltaban las ganas de abrir la puerta y asomarse pero Nuria había sido contundente: no abran la puerta.

Después de media hora fuimos avisados que ya podríamos salir del encierro. Subida sobre una silla, Nuria nos dijo: vamos a hacer  todos un rally y les pido su cooperación. Nos numeró del 1 al 3 y quedamos tres grupos de cuatro personas. Nos bautizó por colores, a mí me tocó el equipo azul.

Todos los participantes de mayor edad que nuestra líder. Seguía de pie en la silla. Nos dijo: “ahora quiero que entiendan bien las instrucciones. Cada grupo tiene 15 pistas y están anotadas en papeles del color que les tocó. Estas pistas están escondidas en distintos lugares de la casa, algunas aquí adentro y otras en el jardín. Les voy a entregar la primera y de allí en adelante las irán descubriendo en cada paso. No se vale brincarse un paso. Si encuentran la pista de otro color no se vale esconderla o cambiarla de lugar, etc. Al final, la pista 15 tiene una hoja tamaño carta con una serie de preguntas, el primer equipo que me traiga la hoja con las respuestas correctas, ganará. El premio es grande, muy grande, así que échenle ganas para terminar primero”.

Algunos formularon preguntas que Nuria aclaró con precisión, cuando ya no hubo más dudas, dio el grito de 1, 2, 3 y a buscar pistas.

A partir de ese momento la casa se volvió un centro de locos que corríamos para todos lados. Lo grave era tener la mala suerte de que algunas de las pistas fueron colocadas en el jardín. La lluvia era molesta e incómoda, pero nadie renunció a salir corriendo a encontrar la ansiada pista que permitía ir hacia la siguiente.

En mi equipo (azul) para suerte mía, participaron dos jóvenes vivaces (Macarena y Andrea) que interpretaban las pistas con una rapidez que me asombró. Nunca en mi vida había jugado un rally. No sabía cómo era. Yo estaba alelado. Me limité a correr detrás. Llegamos a la famosa pista 15 y encontramos la hoja de preguntas, era una sopa de letras donde había que descubrir ocho palabras.

Terminamos y corrimos a entregar la hoja a Nuria, para llevarnos la sorpresa de que el equipo verde se nos había adelantado y ya estaban ante la juez revisando respuestas. La tragedia: todas sus respuestas eran correctas. Nuria se limitó a decir “ya tenemos ganador” y para aumentar la tristeza, ni siquiera leyó nuestras respuestas y menos, las del equipo rojo que aún no terminaba.

El premio “grande” se entregó y Nuria pidió a todos los participantes una porra para los ganadores. Luego pidió al equipo verde una porra para los perdedores. El ambiente se llenó de comentarios alegres acerca de algunas pistas que nos costaron más trabajo que otras y risas que llenaban la casa. De modo espontáneo, todos dimos una porra entusiasta y sonora a Nuria.

La verdad es que esta Nochebuena se convirtió en una vivencia deliciosa. Fortaleció los lazos de unión de la familia y nos dejó a todos un grato sabor de boca. Por supuesto, no fue lo único, pero el rally, en particular, fue una experiencia inolvidable.

 

¿Qué tiene que ver este suceso con los tres pilares del liderazgo? ¿Encuentras alguna relación?

Escogí como anécdota ilustrativa ésta porque tiene una gran familiaridad con lo que nos sucede con frecuencia en la familia, con los amigos, en el trabajo y en otras situaciones que vivimos. El liderazgo no sólo ocurre en el ámbito de la política nacional o en las altas esferas de las grandes corporaciones. No. El liderazgo lo vivimos todos los días y pasa enfrente de nuestras narices.

El primer pilar del liderazgo es la vocación. Hay que querer. A Nuria nadie le pidió que se pusiera toda la tarde a llenar papelitos con 45 pistas diferentes. Habló a más de tres amigas para pedirles ideas y así elaborar sus pistas. Se echó encima una carga que en un día festivo no cualquiera desea, pero lo hizo. Al comenzar sus indicaciones se le veía nerviosa, pero muy emocionada.

Queda claro que el liderazgo exige vocación. Hay que querer ser líder. De mis observaciones y conversaciones con cientos de personas en cursos de capacitación o en acercamientos en trabajados de consultoría, he concluido que hay muchas personas que no les interesa en lo absoluto ser líderes. Prefieren estar detrás, en la mancha oscura de la multitud, haciendo un trabajo callado, eficiente o no, pero sin mostrarse.

El líder, aún aquel que no es protagónico, tiene que dar la cara, estar al frente, asumir una responsabilidad. En otro orden de magnitud, podemos asegurar que Martin Luther King, Jr. asumió el rol de luchar por los derechos civiles en Estados Unidos porque era su convicción, no hubo elección de por medio.

El segundo pilar del liderazgo es la partitura. Hay que tener ideas soportadas por su guion. Nuria no improvisó. Tenía claro lo que nos iba a pedir. Contaba con su mapa mental. No lo tenía escrito, pero no hacía falta. El objetivo y el proceso a seguir estaban claros en su cabecita.

Una partitura organizacional no requiere de grandes manuales, instructivos de operación o de mamotretos escritos. Sí requiere claridad mental. Por ello en procesos complejos hasta hace falta un sistema de gestión tipo ISO 9000. Un líder que no tiene claro los objetivos y el proceso para lograrlos, tiene en la cabeza una melcocha cerebral difícil de desenmarañar y la consecuencia natural es la confusión en los colaboradores. ¿Qué dijo? ¿Qué quiere?

El tercer pilar del liderazgo es la armonía. Hay que crear el ambiente adecuado, la motivación indicada y la integración en el equipo. Despertar el entusiasmo y generar el ritmo. Nuria no tuvo que esforzarse, ella tiene un carisma que le brota. Toda la familia la adora. Se ha ganado el amor de quienes la conocemos y su simpatía destila miel. Así es fácil conseguir que otros hagan lo que les pedimos. La mayoría tenemos que llevar a cabo un gran trabajo para lograrlo. En otro orden de magnitud, esta parte equivale a la tarea de gobernar, propiamente dicha. Es tan difícil, que escasea la gobernabilidad. ¡Ah y cómo hace falta!

En este caso no hubo quien objetara las indicaciones del trabajo a realizar. Por el contrario, todos participamos con gusto y energía. Por otro lado, ella nos motivó diciéndonos que el triunfador ganaría un premio y como ella dijo: “…y es un gran premio” (acá entre nos $500 pesos para repartirse entre cuatro). El verdadero premio estuvo en la participación.

En síntesis, el liderazgo auténtico requiere estos tres pilares. He leído una gran cantidad de libros sobre el tema exponiendo teorías, modelos y guías prácticas. Pues allá, cada quien su teoría. Cada quién su modelo.

¿Podrías observar estos tres pilares en tu próxima situación de liderazgo? ¿Aprenderás de esa observación? ¿Te ayudará a ti a ser un mejor líder? Reflexiona y aplica tu criterio.

 

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¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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