El Método del Emprendedor Exitoso III

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Para continuar con las valiosas ideas de Eric Ries en su libro editado por Deusto: EL MÉTODO LEAN STARTUP, debemos recordar que un emprendedor hace referencia a alguien que lleva a cabo un emprendimiento para crear un producto o servicio bajo condiciones de extrema incertidumbre y puede hacerlo en una organización pública, una trasnacional, una gran empresa o su propia empresa pequeña.

El objetivo de la parte anterior ya comentada fue explorar la importancia del aprendizaje como medida del progreso de una startup. Los productos/servicios que crean las startups son experimentos; el aprendizaje sobre cómo crear un negocio sostenible es el resultado de dichos experimentos. El papel de la estrategia consiste en descubrir qué preguntas hacerse.

Ahora, “necesitamos centrar nuestras energías en minimizar el tiempo total a lo largo de este circuito de feedback de información”. El circuito a que se refiere se sintetiza en tres pasos: CREAR-MEDIR-APRENDER.

 

“Para aplicar el método científico a una startup necesitamos identificar las hipótesis que hay que probar. Yo llamo a los elementos de más riesgo, aquellas partes de las que depende todo lo demás, ASUNCIONES DE ACTOS DE FE.

“Las dos asunciones más importantes son:

  • La hipótesis del valor.
  • La hipótesis del crecimiento.

Estas dos hipótesis dan lugar a los indicadores de ajuste que controlan el motor del crecimiento. Cada iteración de una startup es un intento de revolucionar el motor para ver si funciona. Cuando se comprueba que sí funciona, el proceso se repite, cambiando a velocidades cada vez más y más altas.

Eric nos dice que el método usual es elaborar un prototipo y ponerlo a prueba en el laboratorio. Esto debe descartarse. Lo nuevo, sugiere él, es elaborar un producto mínimo viable (PMV) en tanto primera versión que permite recorrer el circuito CREAR-MEDIR-APRENDER.

Un ejemplo común y corriente es el siguiente: si necesitamos hacer cinco camisas a la medida, lo procedente es elaborar la primera para que se la ponga y la use el cliente. Una vez comprobada su eficacia, o una vez hechos los ajustes, entonces proceder a elaborar todo el pedido.

El PVM (producto mínimo viable) puede estar incompleto, pero lo que procede es medir el impacto en los clientes y su reacción –medida- deberá hacernos saber si vale la pena seguir adelante o eliminar el proyecto.

Lo más importante es ponerlo en las manos de los clientes, porque si estamos creando algo que nadie quiere, no importa si lo hacemos a tiempo y dentro del presupuesto. Esta experiencia nos permite crear hitos de aprendizaje, que nos enseñan el camino hacia el mejor producto para el cliente y no a juicio de nuestros expertos internos.

La estrategia se basa en asunciones (para nosotros, siempre han sido “supuestos”). El papel de la estrategia es contribuir a descubrir qué preguntas hacerse. Cada plan comienza con ciertos supuestos que se convierten en “actos de fe” y luego hacen que el estratega trabaje en función de éstos. Un acto de fe es la visión, que una vez fijada hace que el trabajo restante sea para cumplirla.

En consecuencia, lo que el autor nos sugiere es poner a prueba todas las asunciones sobre las cuales vamos a trabajar. Asumimos que los usuarios tienen un gran deseo por adquirir el producto o servicio que vamos a lanzar. Asumimos que grandes compradores se nos acercarán y podremos vender a un determinado precio que nos dejará unas buenas utilidades. Por supuesto muchas más asunciones como esas.

Si nuestras asunciones resultan acertadas el proyecto tendrá un gran éxito, pero si resultan falsas nos hundiremos en un gran fracaso. Un excelente ejemplo nos lo proporciona en la Página 96:

“La tecnología previa X se usó para ganar el mercado Y gracias al atributo Z. Tenemos una nueva tecnología X2 que nos permitirá ganar el mercado Y2 porque también tenemos el atributo Z”

El argumento requiere que primero tengamos alguna prueba empírica: asegurémonos de que hay consumidores hambrientos ahí afuera que desean adoptar nuestra nueva tecnología. Hagamos el esfuerzo de calcular el tamaño de ese mercado. El autor plantea la obligación de “salir a la calle” para contrastar directamente con los posibles clientes.

Eric Ries sentencia: “Lo que diferencia una historia de éxito de una de fracaso es que los emprendedores con éxito tuvieron la previsión, la habilidad y las herramientas necesarias para descubrir qué partes de sus planes estaban funcionando de forma brillante y cuáles fueron desencaminadas y adaptaron su estrategia en función de esto”. Por ello, le da un alto valor al aprendizaje.

Termino invitándote a leer el libro completo de El Método Lean Startup y deseándote una semana feliz y productiva.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: TODO EMPRENDIMIENTO NECESITA DE ALGUIEN QUE TOMA LA INICIATIVA Y DA EL PRIMER PASO Y ESE…ES UN LÍDER ¿ACASO ERES TÚ? NO LO PIENSES MÁS, COMIENZA A PROBAR TUS IDEAS. LÁNZATE A LA ACCIÓN.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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