Escucha el podcast: ¿Cómo Motivar(nos)?

El 27 de febrero de 2021 subió al ring Saúl “Canelo” Álvarez. Fue su pelea número 58 y completó 417 rounds. Nunca lo han derribado a la lona. Lo característico de él es su intensa preparación que incluye rounds de sombra, peleas frente a sparrings, mucho golpeo a la pera y al saco, salto con cuerda y otros ejercicios más que le impone su entrenador. Es admirable, nunca le aburre hacer los mismos ejercicios y esto lo hace desde hace quince años. Su motivación no declina.

El 7 de febrero de 2021 se celebró el Súper Bowl LV de Futbol Americano de los Estados Unidos. Tom Brady lideró a los Bucaneros para llevarse el trofeo y él pudo conseguir su séptimo anillo de campeonato. Brady ha jugado intensamente desde el año 2000, completó 20 años lanzando el balón en los partidos y miles de veces en los entrenamientos. Es admirable, siempre hace lo mismo y no se aburre.

El 27 de octubre de 2020 se jugó el último juego de la Serie Mundial de Beisbol ganada por los Dodgers de Los Ángeles. El pitcher cerrador fue Julio Urías, lo hizo magníficamente. Julio se entrena lanzando la bola a grandes velocidades, día tras día. Esto lo hace desde los 14 años y no se aburre. Es incansable. Su motivación no declina.

¿Por qué estos atletas son capaces de sostener la motivación a niveles tan elevados y durante tanto tiempo, mientras que a nosotros nos cuesta mucho esfuerzo? Con qué facilidad nos cansamos, nos aburrimos y cejamos en el empeño. Claro, los campeones mencionados andan en cifras impresionantes de 300 y 500 millones de dólares, pero un juego más no es por el dinero, o tal vez sí. ¿Qué los mantiene motivados? ¿Por qué son incansables en sus entrenamientos, si de lo que se trata es de estar lanzando pelotas una y mil veces?

Los científicos de la conducta han estudiado profundamente este fenómeno y cada uno de ellos ha establecido su teoría. Los enfoques son múltiples y variados.

¿Qué es motivación? Es la acción provocada por un motivo, una causa, una razón. Tenemos que reconocer que detrás de cada acto que llevamos a cabo hubo una razón que nos impulsó a hacerla. Si la causa se gasta, debilita o desaparece, entonces la acción será difícil de concretar o tal vez la llevemos a cabo, pero de mala gana. No la soportaremos con fuerza.

Hay motivos intrínsecos (internos a nosotros mismos) y motivos extrínsecos (externos a nosotros).

Si queremos motivarnos o motivar a otros tenemos que pensar primero en los motivos. ¿Qué nos mueve a actuar? Un sueño, un propósito, un compromiso, un deseo, un anhelo, o el miedo a perder algo, huir de una situación, escapar de un sufrimiento.

Todo aquello que figure en nuestro catálogo mental relacionado con la ambición. Hay personas que tienen ese catálogo en blanco, es difícil motivarlos. Carecen del hábito vital por ser “alguien”, o ser mejores en lo que hacen o vivir mejor de la forma en que viven. Lo dijo muy bien el célebre Vince Lombardi: “ganar no es lo único, querer ganar sí lo es”. ¿Me creerías que hay personas que simplemente “no quieren”, no se les da la gana? A esta clase de personas les resulta difícil motivarse o que llegue alguien y las motive. Siempre hay una semillita, por pequeña que sea.

El mejor camino hacia la motivación es plantear un desafío. ¿De qué tienes ganas? ¿Cuál es tu anhelo más preciado en esta vida? Si llegamos a saber con precisión las respuestas a estas preguntas, tendremos el resorte de su conducta. Pero eso, con frecuencia no lo sabemos ni de nosotros mismos.

Las dos grandes tendencias humanas consisten en acercarnos al placer o en huir de lo que nos causa dolor. Poner en la balanza ambos fines es una táctica motivadora. Así, tenemos a quien nos motiva apelando a sueños, ofreciendo que si hacemos lo que él o ella quiere ganaremos el paraíso y seremos muy felices. En lo opuesto hay quienes manipulan el miedo para hacernos ver que, si no hacemos lo que él o ella quiere, perderemos la situación que tenemos. Los experimentos psicológicos nos informan que obedecemos mejor al miedo de perder que al placer de ganar.

Los anhelos básicos están escalonados en la conocida Pirámide de Maslow, donde en la base están las necesidades fisiológicas y las de seguridad. Para motivar podemos referirnos a la satisfacción de esas necesidades, ascendiendo en la pirámide hacia necesidades de nivel superior: afiliación, reconocimiento y autorrealización. Por definición, las intrínsecas son motivaciones que debemos aprender a fortalecerlas sin ayuda externa. La verdadera motivación es la automotivación. La motivación extrínseca exitosa es la que acierta a tocar el botón de la automotivación.

En cuanto a la motivación extrínseca, lo que debemos considerar es la dependencia que tenemos de otras personas para dispensarnos medios orientados a premiar un esfuerzo o bien a otorgarnos un reconocimiento. Aquí entran en juego los incentivos, no necesariamente monetarios, pero sí deben estar presentes para estimular nuestros motivos, nuestras razones para entrar en acción.

La mejor motivación extrínseca en la empresa es la construcción de un ambiente de trabajo respetuoso y cálido, donde todos se sientan apreciados y reconocidos por su trabajo, donde se evita el bullying, espacio donde las personas tóxicas sean evitadas, porque son como las manzanas podridas, todo es comenzar con una. Deben existir condiciones para la autosuperación.

Dos aspectos para mantener la motivación: fortalecer aquello que nos impulsa para continuar en lo que nos hemos propuesto o debilitar las razones que tengamos para cancelar nuestros esfuerzos. Abandonar lo que nos hemos propuesto tiene que doler. Continuar debe producir placer.

En los tres casos de deportistas exitosos planteados al principio, es evidente que su motivación intrínseca es sumamente poderosa, su ambición de ser el mejor (del mundo) es un impulso muy fuerte, complementado con la enorme salva de aplausos y reconocimientos que reciben por sus triunfos. Su motivación se fortalece porque se alegra, siente placer, se premia a sí mismo, cada vez que hace bien un lanzamiento o una pegada. El trabajador de oficina tiene que aprender a felicitarse cada vez que le sale bien un trabajo o que satisface adecuadamente a un cliente. Si, además, tiene un jefe que está atento y se lo hace notar, ¡qué mejor!

La motivación está en nuestras manos y comienza con “querer”. Si no hay esa semilla, si todo nos da igual, entonces no hay resorte al cual recurrir, tanto internamente, así como lo que damos externamente a quien pretenda motivarnos.

Pues bien, mucho que reflexionar. Que pases una buena semana.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

SIR WINSTON CHURCHILL: “Nunca me ha preocupado la acción, sólo la inacción”.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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