¿Qué te Estás Provocando?

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Una tarde de sábado pasé a visitar a mi amigo Carlos. Él se sentía muy mal y al enterarme fui de inmediato. Tenía un par de meses muy delicado. El año anterior le diagnosticaron cáncer de próstata, pero a un nivel muy bajo. Decidió no atenderse porque no le pareció peligroso. Después le enteró el médico que estaba padeciendo metástasis. Inició un tratamiento urgente. Recibió algunas quimioterapias. El cáncer había pasado al estómago y siguió avanzando.

Esa tarde que fui a visitarlo me lo encontré con dos tanques de oxígeno. El cáncer había avanzado hacia el pulmón. Le costaba trabajo respirar. Lo vi sufrir estoicamente, aunque nunca se quejó. Carlos siempre estuvo rodeado de su maravillosa familia, gozaba del apoyo emocional más intenso y cariñoso que pudiéramos desear. Su médico, muy reconocido profesionalmente, siempre atento a su paciente y amigo.

Esa tarde conversamos sobre muchos temas. Él seguía lúcido y con toda esa afabilidad y buen sentido del humor que siempre le caracterizó, excepto después de un rato en que comenzó a abrirse conmigo y compartió su viacrucis. Fue después de varios minutos de plática que me cimbró y me dejó un mensaje que se me incrustó en todo mi ser para no olvidarlo jamás. Hoy te lo comparto.

Con el tono más melancólico y apesadumbrado que puedas imaginarte, me dijo: “Alfredo, no sé cómo pude provocarme todo esto”. Al día siguiente, sin advertencia de por medio, falleció y dejó una estela de dolor inmenso entre todos aquellos que lo conocieron bien y lo amaron intensamente.

Te das cuenta amigo lector, la sabiduría que encierra esta frase honesta: “no sé cómo pude provocarme todo esto”. Carlos nunca culpó al destino o a la vida o a los médicos. No, Carlos se sabía culpable y reconocía que él mismo se provocó la desgracia.

Hoy comparto contigo este mensaje lleno de honestidad y valentía. ¿Acaso no nos provocamos a nosotros mismos lo que nos sucede? ¿Reconocemos nuestra culpa o buscamos al villano?

Todo suceso es un proceso. Hubo un antes, un durante y un después. Sin esa conciencia de proceso, lo que hacemos es reaccionar como si todo fuera un acontecimiento. Incluso un relámpago que rompe la oscuridad del cielo tuvo su momento antes de hacerse presente.

Ya lo dice la canción: “Se mira relampaguear, el cielo está encapotado, vaqueros para el corral, guarden todo el ganado” y pues claro, a correr porque se avecina la lluvia.

Philip Crosby, un gurú de la calidad, escribe en uno de sus libros que “durante años me decían mis amigos y familiares que estaba engordando demasiado y que debería hacer ejercicio y ponerme a dieta. Nunca les hice caso. Fue después del infarto que me tomé en serio esas recomendaciones”.

¿Por qué será que hasta sufrir un daño en nuestra salud física o emocional o financiera es cuando reaccionamos? Todos los problemas tuvieron su método de aviso anticipado. Cuando algo falla debemos hacer una autopsia, ya es tarde para un diagnóstico.

Preguntémonos ¿qué hicimos para provocar el daño? ¿Qué dejamos de hacer? ¿Por qué no hicimos caso a las advertencias? Nuestro auto nos avisa con un ruidito o una pequeña inconveniencia, lo ignoramos y luego nos sorprendemos porque nos deja tirado a medio camino.

Nuestro trabajo iba mal, había gestos de molestia de clientes o del jefe, lo ignoramos y de repente nos encontramos despedidos sin saber por qué. Una empresa pierde un cliente, luego otro, deja de recibir nuevos pedidos y después culpa a la recesión, a la inflación o al gobierno porque está al borde de la quiebra.

Un pequeño acto de contrición frente al suceso haciéndonos la gran pregunta: ¿Cómo me estoy provocando este dolor? ¿Hacia dónde me impulsa lo que hago actualmente? ¿Cuál es la tendencia de lo que estoy sufriendo? ¿Cuántos libros has leído últimamente? ¿Cuántos cursos? No te sorprendas después de que ya caíste en la obsolescencia profesional. Muchos kilos de más, ¿necesitas advertencia? Unos tragos adicionales de despedida, ahorita no pierdes el control, pero… ¿después? Un flirteo adicional y… luego, ¿el divorcio repentino?. Un gasto por aquí, luego otro por allá y… finalmente ¿por qué estoy quebrado?

Te invito a reflexionar para actuar con oportunidad.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: NADA CAMBIA HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y… ÉSE ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? “No dejes para mañana lo que debes hacer hoy” Tu vida está en juego.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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