Nacido para Oponerse

Foto: http://nelbogota.blogspot.com/2012/10/antigona-amor-goce-y-muerte.html

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En su célebre obra Antígona (que significa nacida para oponerse) el gran filósofo Sófocles presenta el caso de esta mujer que se planta con vigor y energía ante el poder. El gobernador de Tebas resiste una rebelión y decide que su líder (Polínice) sea ejecutado y no enterrado.

El pueblo de Tebas se opone a la decisión porque considera que eso es condenar a un alma a errar eternamente. Antígona considera que esa decisión no proviene del dios Zeus, sino de un hombre, aunque sea el gobernador y según estima, es una mala decisión. Ella decide enterrar a Polínice.

El gobernador al enterarse de la acción desobediente de Antígona la condena a morir mediante el encierro en una cueva. Ese gobernador considera que toda desobediencia a sus órdenes es un peligro para la conducción de su gobierno. Su obcecación lo lleva a conducirse con energía implacable, su prestigio como gobernante reside en su firmeza y determinación.

 

El hijo del gobernador está enamorado de Antígona y próximo a casarse con ella.  Acude a su padre para implorar el perdón de su amada. Para reforzar su posición consigue que su madre lo acompañe ante su papá y ambos fortalecen la petición.

El gobernador reafirma su posición afirmando que el respeto a esa decisión es parte de su imagen y su poder ante su pueblo, hacerla reversible erosionaría su posición como jefe de estado. Su inquebrantable firmeza se manifiesta como una inflexibilidad difícil de torcer.

El profeta de Tebas es consultado ante las presiones del pueblo. Recibe el gobernante la decisión de los dioses por boca del profeta en el sentido de que debe liberar a Antígona y reconciliarse con su esposa y su hijo.  Cuando él entra en acción los encuentra muertos a los   tres (así son los dramas griegos de hace 2450 años).

Es impresionante cómo, Sófocles el gran dramaturgo y filósofo, plantea un tema que subsiste en los tiempos modernos.  En su obra nos muestra las pasiones humanas en acción, la indeclinable actitud de un líder que, bajo ninguna circunstancia quiere echar atrás una decisión tomada porque, así lo siente, esto le resta credibilidad y erosiona su poder. Ante ello, no le queda más que la obstinación que raya en la terquedad. Así lo dice en la obra: “No hay error más grave que la desobediencia. Arruina las ciudades, destruye nuestros hogares. Si el hombre vive con decencia es porque la disciplina protege sus vidas”.  Y claro, la disciplina la impone él.

El hijo del gobernador al suplicarle le dice: “Entonces no tengas una idea, una sola, de que nada más tu opinión puede ser correcta. Cualquiera que piensa que nada más él es sabio, que su elocuencia y su mente están por encima del resto llega al desdoblamiento, muestra su vaciedad. No. Vence la cólera, permite un cambio de situación. No es deshonroso aprender de otros cuando hablan con inteligencia”.

Esta bella obra, llena de filosofía y poesía, nos ilustra la desgracia que provoca un gobernante sordo y ciego ante la realidad abrumadora. Todo gobernante aferrado a ideas firmes corre el riesgo de ser atrapado por su inflexibilidad.

Confundir el liderazgo con la terquedad y la obcecación, nubla los sentidos y puede ocasionar que el gobernante socave las bases que fueron el impulso que lo llevaron al éxito.

Antígona protagoniza una historia que refleja el carácter humano vigente en todas las sociedades. Hay muchas personas que “han nacido para oponerse”.  Por un lado, esos inconformes son los que cambian el estado de las cosas existentes; pero, por otra, son los que crean el caos social si se dejan conducir por impulsos sin control. Guardar equilibrio es sabiduría plena.

En el México del Siglo XXI nos enfrentamos a situaciones que ponen en peligro a la sociedad con líderes que son verdaderas “Antígonas”, su vocación de cambio se simplifica con rapidez y facilidad, la clave para ellos es oponerse a todo, sostener que los gobernantes anteriores fueron un fraude y no queda más que destruir lo existente, sin importar los costos, ni las opiniones divergentes.

Herman Hesse en su obra intitulada como Demián afirma: “para que lo nuevo nazca, es preciso destruir lo viejo”. ¿Será ese nuestro destino? ¿Tenemos que ver destruido lo construido para renacer?

Te invito a la reflexión y tomar posición ante lo que te rodea. Nadie es inmune a los sucesos del entorno, no pretendas escapar. Estamos aquí y ahora. El mundo del hubiera, es irreal, es inexistente.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

RECUERDA: NADA CAMBIA HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE…ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? APLÍCATE, NO LO DEJES PARA DESPUÉS.

  

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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