Un Poco Más

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Fue un lunes por la tarde, llegué al estacionamiento de 5 niveles. Estaba abarrotado. Costó trabajo encontrar lugar, pero conseguí estacionarme. Salí y al pisar el césped sentí el ambiente juvenil que caracteriza a un campus universitario. A mi lado izquierdo, mientras caminaba, una cancha de futbol con pista para correr al lado. Jóvenes participando en sus distintas disciplinas. Me recordó mis tiempos de estudiante en la esplendorosa Ciudad Universitaria.

Entré al auditorio y vibré con el entusiasmo y alegría de jóvenes que se encontraban sentados ordenadamente, al fondo las sillas para los papás y familiares en general. ¡Qué emoción! Todos los asistentes con una enorme sonrisa de satisfacción y alegría. El evento denominado Excelencia Académica nos convocaba para ser testigos de la entrega de reconocimientos a quienes en el semestre anterior habían superado el promedio escolar de 95 puntos sobre 100.

Observé 240 sillas para estudiantes objeto del reconocimiento. El evento dio comienzo con un discurso de una alumna premiada que habló a nombre de sus compañeros. Pasaron los estudiantes en perfecto orden y acomodo, sin tiempos perdidos. Al final, otro discurso, ahora del decano que habló a nombre del profesorado. Después un cocktail en honor de los premiados. Evento breve y puntual.

¡Qué privilegio ser testigo de semejante reconocimiento! Mi nieta Macarena me hizo notar que eran muy pocos los compañeros que lograron el reconocimiento de una escuela de 4,500 alumnos. Me permití hacerle notar que así funciona el mundo: sólo un 5 % alcanza la excelencia. Le pregunté: ¿Qué pasa con el otro 95 %? ¿Por qué no están aquí? Ella me contestó: no les interesan sus estudios, se limitan a pasar con un ocho o nueve o menos. Puede ser…flojera, falta de compromiso.

Es de la máxima importancia notar que los alumnos participan de la institución educativa más cara del país y sin duda, una de las mejores. ¿Por qué no aprovechan al máximo? El esfuerzo de los padres por pagar esa colegiatura merece como recompensa una dedicación seria y profunda, pero no se les da a todos.

En los dos breves y acertados discursos escuché reflexiones que me hicieron pensar y me invitan a compartir. El decano hizo notar la importancia de aprovechar esa etapa formativa en la vida. Les pidió a los jóvenes que levantaran la mano aquellos que hubieran tenido algún reconocimiento por buenas calificaciones en el pasado: casi el 80 % de ellos. Les dijo: es para que ustedes se den cuenta que quienes se acostumbran a ser los mejores llega el momento en que hacer algo por arriba del promedio es simplemente una forma natural de actuar.

El decano les invitó a no limitar su éxito a la obtención de buenas calificaciones. Al terminar su carrera hay un reconocimiento al cual deben aspirar: el estudiante integral. Se trata de premiar al compañero de ustedes que, además de haber logrado la excelencia académica, ha sido un buen deportista, un buen compañero o ha destacado en alguna actividad cultural y ha participado en alguna organización sin fines de lucro para aportar un bienestar a algún grupo de la sociedad.

Por su parte, la alumna que habló a nombre de sus compañeros mencionó el orgullo de estar en esa premiación y la satisfacción de corresponder a sus padres por el esfuerzo realizado. Agradeció a ellos la comprensión y el estímulo constante para salir adelante en sus estudios. Hizo referencia a la frase de Aristóteles: “la excelencia es un hábito”. En consecuencia, invitó a sus compañeros a conducirse siempre de manera que les resultara natural mantenerse en niveles de excelencia.

Argumentó que esos pequeños sacrificios de salirse temprano de una fiesta, de no participar en otras, de perderse eventos que para otros son muy divertidos, eso es tan sólo un pequeño déficit en su vida compensado con la enorme satisfacción de siempre estar bien y sentir que están labrando su futuro. Estas calificaciones son tan sólo un pequeño peldaño de la escalera que habrán de subir para gozar de una vida de privilegios y con el orgullo de poder aportar en grande a la sociedad a la que nos debemos.

Agregó, si lo vemos con cierta perspectiva, no necesitamos un esfuerzo desmesurado para superarnos, es tan sólo un poco más de lo que hacen todos los demás. Un poco más de tiempo dedicado al estudio, un poco más de atención a los maestros cuando estamos en clase, un poco más de selectividad para estar con amigos que comparten los mismos afanes.

¡He aquí pensamientos profundos de una alumna de excelencia! Todo este evento me recordó que hace muchos años, cuando estudiaba en la Preparatoria 2 de la UNAM un maestro me dijo: “Nuestro ambiente es tan mediocre, que con que te esfuerces tantito más que los demás ya destacas”. Te invito a reflexionar para que escojas el campo en que habrás de dar un poco más, por lo pronto, te deseo una semana feliz y productiva.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

RECUERDA: NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE…ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? APORTA UN POCO MÁS CADA DÍA A LO QUE HACES PARA LOGRAR ESE ESTÁNDAR DE EXCELENCIA QUE TE LLENARÁ DE ORGULLO.

 

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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