El Desafío de Hablar en Público

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Era un 5 de enero, hace varios años, que me puse a buscar en el Directorio Amarillo un curso de hablar en público. Me urgía. Cerré el año anterior con un par de clases que impartí de Teoría Económica. Me sentí fatal y tuve la sensación de que los alumnos habían padecido mi clase, tal vez, más que yo.

En aquel año fui invitado por mi jefe, el licenciado Miguel Ángel Díaz Cerecer, para ser su maestro adjunto y dije que sí. Todo iba muy fácil, mi apoyo consistía en pasar lista y organizar algunas pequeñas cosas que él me encargaba.

El día menos pensado me dijo: “el próximo lunes no podré dar la clase, se la encargo, ya usted sabe cuál es el tema”.

Pasé el peor fin de semana de mi vida, acababa de terminar la licenciatura en economía y se suponía que dominaba el tema, pero…me invadió una angustia intensa. Cuando estuve frente al grupo de 80 muchachos de primer año de la carrera sentí un vacío en el estómago, temblor en manos y piernas, una voz reseca que me producía dificultad al hablar. Me sentí ante un reto descomunal, como si fuera un alpinista a punto de iniciar el ascenso del Popocatépetl.

La clase terminó sin gracia ni gloria. Pero sentí que tenía que hacer algo al respecto. Lo peor fue que el maestro titular me encargó las siguientes dos clases de esa misma semana. Mi sufrimiento se convirtió en un calvario.

Por ello, al terminar el curso en la primera semana de diciembre estaba decidido a superar esa terrible deficiencia. Mi lista de buenos propósitos para el año siguiente estaba encabezada por una frase determinante: aprender a hablar en público.

Así fue como ese 5 de enero me encontraba urgando en el directorio para identificar varios cursos de esa especialidad. Me inscribí en el que consideré mejor. Lo tomé y al finalizar fui invitado a convertirme en instructor, siempre y cuando aprobara el curso de instructores que habría de impartir un maestro que vendría de Nueva York, enviado por la casa matriz de esa empresa.

Ese curso intensivo cambió mi vida. Me fascinó la participación en grupos. Impartir capacitación se volvió una vocación emergente que desplazó a mi afán de economista recibido.

En cada curso impartido me embargaba el orgullo de producir transformaciones en las personas que participaban. Aunque volví a dar un par de cursos más de Teoría Económica en la UNAM y viví un par de años como Profesor Asociado “A” de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), me di cuenta de que me gustaba más la capacitación para adultos que la enseñanza educativa para los jóvenes. Los cambios en las personas eran inmediatos y eso me producía una gran satisfacción.

Ayudar a los adultos a dominar sus nervios e indecisiones al pararse frente al público se ha convertido en una especie de misión. ¿Cómo se logra?

Es destacable que el tema se reduce a únicamente cuatro grandes categorías: la del orador, la audiencia, la estructuración de contenidos y la preparación de la presentación.

Es oportuno aclarar que en este tema son pocos los principios y muchas las técnicas, como en cualquier arte; a diferencia de los temas científicos, donde abundan los principios y escasean las técnicas.

La clave del desarrollo está en aplicar las técnicas lo más frecuentemente posible. Por ello en CENCADE al impartir un curso ponemos un triángulo con los tres elementos mencionados más un centro donde aparece la palabra “presentación”.

Luego, otra figura donde aparece el mismo triángulo, pero con círculos en espiral para indicar que cada elemento debe practicarse varias veces y siempre en ascenso. Si hay aprendizaje evidentemente habrá mejoría en la forma de aplicar cada elemento.

Me gusta decir que la práctica hace…al mediocre. Estoy convencido que el único camino para acceder a la maestría en cualquier materia es preciso practicar y luego, estudiar otra técnica, para seguir practicando. Practicar y volver a estudiar. Practicar y volver a estudiar. Así, ad infinitum.

Ahora bien, ¿qué pasa con los que se dedican a la práctica y no estudian? Se vuelven mediocres. Pongo el ejemplo de los jugadores de futbol llaneros. Juegan todos los sábados y a veces dos partidos en la misma semana. Mientras más practican más introyectan, más profundizan en la misma manera de jugar y nunca mejoran.

Los equipos profesionales de futbol tienen sus clínicas donde analizan jugadas y luego las ponen en práctica en la cancha, juegan un partido y vuelven a la clínica al análisis. Aprenden algo nuevo y lo ponen en práctica en la cancha para luego darse el lujo de ponerla en acción en el siguiente partido. Aquellos equipos que tienen a los mejores directores técnicos siguen ese modelo de aprendizaje y resultan ser los grandes ganadores de partidos y de torneos.

Como de costumbre, te invito a reflexionar acerca de cómo vencer los temores de hablar en público aplicando este modelo de aprendizaje. Por lo pronto, te deseo que pases una semana feliz y productiva.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

RECUERDA: NADA CAMBIA HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE…ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? PROCURA VENCER TUS TEMORES ENFRENTÁNDOLOS.

 

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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