Sin Primaria Buena…

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“No me lo puedo explicar, pero no tengo duda al afirmar que en Colombia se habla el mejor castellano del planeta”, así afirma Mario Vargas Llosa después de recorrer calles, bares, restaurantes y demás lugares públicos en Bogotá, Cali y otras ciudades de ese país.

En México estamos siendo invadidos por expulsados de las economías venezolanas, argentinas, colombianas y chilenas. Ellos encuentran en nuestra tierra las oportunidades laborales que allá no pueden ganarse, de modo que hemos de aceptar que se cuelan porque traen un bagaje cultural y una motivación laboral que nos supera.

A nosotros nos toca contactarlos, conversar con ellos, sostener un trato personal para así, darnos cuenta que poseen un manejo superior al común de nuestros compatriotas. Es fácil negarse a lo obvio, producto de prejuicios nacionalistas y patrioteros, pero es una realidad.

Lanzo una hipótesis causal. Se me ocurre que el origen de estas diferencias está en la calidad de los estudios en la escuela primaria. Mientras en Sudamérica encontramos poblaciones estudiadas y lectores frecuentes, en nuestro país hemos descuidado la formación escolar básica.

¿Dónde quedó el amor a la lectura y al conocimiento? ¿Dónde la ambición por superarnos? ¿Cómo fue que surgió el miedo a las matemáticas? ¿En qué momento perdimos la esperanza de convertirnos realmente en la sociedad líder de Hispanoamérica? ¿Por qué apareció de repente el conformismo?

Cuando llegué a la Ciudad de México a estudiar primero de secundaria, venía de hacer quinto y sexto años en la Escuela Manuel Sánchez Mármol de Villahermosa. Mis compañeros eran egresados de primarias del Distrito Federal y, francamente, me facilitaron convertirme en el primero de la clase. Siempre estudié en escuelas públicas, nunca en colegios particulares.

La diferencia se debió a que mientras mis compañeros habían tenido un año escolar plagado de huelgas y clases suspendidas, en Villahermosa tuvimos en quinto una severa (y terrible) maestra Jovita y una encantadora maestra Olga en sexto que nos hicieron estudiar con profundidad y seriedad. Mi formación en la escuela primaria fue de lo mejor.

Una formación escolar deficiente e insuficiente en la primaria nos arroja a una secundaria y preparatoria difícil de cursar. Llegamos a esta segunda y tercera etapas escolares con miedo y carencia del hábito y el gusto por estudiar.

En esas condiciones arribamos al examen de admisión en las universidades a las que aspiramos ingresar, así, comenzamos a buscar palancas, recomendaciones y hasta comprar el posible cuestionario para pasar la prueba. Y lo peor, nos rechazan y lo dejamos para el año siguiente. Perdemos un año de vida.

Una vez en la universidad nos cuesta trabajo seguirle el hilo al profesor de matemáticas o al que quiere hacernos razonar, después de todo lo que aprendimos es a memorizar. A estas alturas hemos desarrollado una potente memoria de corto plazo, que no nos pidan acordarnos de hace un año porque no podemos.

¿Es esto fatalismo? No, jamás. En la vida diaria vemos a personas poseedoras de un instinto admirable para ser pragmáticos y dominar el sentido común. Triunfan porque su ambiente familiar les dotó de muchos elementos cognoscitivos derivados de las costumbres y rituales que observaron desde niños, son analfabetas culturales, pero eso no importa, salen adelante gracias a la absorción de conductas y ejemplos parentales.

Los que crecieron en un ambiente familiar adverso, no tienen esas posibilidades. Su única y verdadera salvación es una escuela primaria bien cursada.

Reflexionemos acerca de la importancia del ejemplo que, sin querer, trasmitimos y nos trasmitieron para encauzarlos adecuadamente, por lo pronto, feliz y productiva semana.

 

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

RECUERDA: ANTE CUALQUIER PROBLEMA, QUIEN TOMA LA INICIATIVA ES EL LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? ACTÚA Y SORPRENDE A QUIENES TE RODEAN.

 

alfredo-esponda@cencadedigital.com

 

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