La Credibilidad de un Líder

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Trabajé en una empresa donde el contralor general era aficionado a pedir prestado, para luego no pagar. Los días de quincena no se le miraba ni el polvo. Dos días después argumentaba que se había quedado sin dinero, es más, hasta te pedía crédito adicional.

Ese contralor general gozaba de un puesto sumamente importante en una empresa de 600 trabajadores. Su fama como deudor incumplido era ampliamente difundida por los afectados, no es una exageración decir que “todo el mundo lo sabía”.

Trabajó conmigo un gerente de ventas que era aficionado a coquetear con cuanta secretaria se encontraba. En una ocasión, un cliente que era director general, me llamó para pedirme que ese tipo no se volviera a parar en su empresa. Fue cuestión de tiempo, dos meses después nos canceló la cuenta.

 

Alguien que ocupa una posición de liderazgo, suele verlo como un privilegio que le da derecho a cosas que van más allá de lo que puede hacer cualquier empleado. En vez de asumir la tremenda responsabilidad que significa su posición, la distorsiona para comportarse en función de sus valores.

Lo anterior significa que lo más importante a evaluar en un líder es su escala de valores. ¿Qué tan sólida es su madurez emocional? ¿Manifiesta consistencia en sus distintas actuaciones o es como veleta que cambia para ajustarse al viento? ¿Cumple con sus compromisos? ¿Se apega a la verdad o le gusta mentir? ¿Qué tan importante es para él la honestidad y la integridad? ¿Se le conoce alguna trampa?

Las personas en posiciones de liderazgo deben ser confiables en el más amplio sentido de la palabra. Un líder del nivel que sea, jefe departamental, gerente o director general, tiene la responsabilidad de inspirar confianza y seguridad a todos sus colaboradores. No se puede jugar con el riesgo de la falta de confianza.

Trazar un rumbo claro, dictar instrucciones precisas, brindarles seguimiento, valorar los resultados y ofrecer retroalimentación es algo que todo colaborador espera de su líder. No puedes permitirte dejar de hacerlo.

La credibilidad en un líder es equivalente a la legitimidad que se le reclama a un político. El poder legítimo es indispensable para ejercer el mando, para lograr que sus acciones gocen de credibilidad.

Así como la legitimidad “es el atributo que otorga el derecho de gobernar” en el mundo político, tenemos a la credibilidad como la fuente básica de todo dirigente empresarial. La credibilidad es como la virginidad, una vez perdida se fue para siempre, no hay “reparación de daños”.

Un ejecutivo debe siempre enfrentar riesgos, no puede paralizarse y mantenerse estático. Sin embargo, al acometer un nuevo proyecto, especialmente si es ambicioso, se corren riesgos que pueden conducir al fracaso. En estos casos, si los colaboradores aprecian buena intención y valor del ejecutivo para jugársela, lo seguirán respetando y apreciarán la determinación por dar un paso hacia adelante.

Asumir riesgos imprudentes y temerarios sí puede hacerle perder credibilidad al líder. No la pierde para siempre, pero sus colaboradores estarán pendientes de sus jugadas siguientes, pondrán en cuarentena su accionar hasta que vuelva a acertar en otra propuesta.

Te invito a reflexionar acerca de tu credibilidad como persona en tu ambiente de trabajo y como líder si estás al frente de otros colaboradores.

¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

RECUERDA: NADA CAMBIA, HASTA QUE ALGUIEN TOMA LA INICIATIVA Y ÉSE…ES UN LÍDER. ¿ACASO ERES TÚ? AUMENTA TU CREDIBILIDAD HACIÉNDOTE MÁS CONFIABLE.

alfredo-esponda@cencadedigital.com

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