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Uno de los mayores dramas que vive el individuo es el de la eterna confusión, derivado de la dificultad para entender la realidad y entender la interpretación que hacen de la realidad otros individuos. Surge así, la fuente de los mayores obstáculos a la comunicación.

 El origen de esta lamentable desgracia humana es la proliferación de paradigmas. Como dijera Calderón de la Barca: “Nada es verdad, nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira”.

Howard Gardner, en la Nueva Ciencia de la Mente, nos dice que existe un nivel de representación mental que se manifiesta activamente en la conducta; y Peter M. Senge nos reafirma que nuestros modelos mentales no sólo determinan el modo de interpretar el mundo, sino el modo de actuar.

 Por su parte, Joel Barker utiliza la palabra paradigma para estos filtros con que cuenta la mente.

 Ya sea que llamemos modelos mentales o paradigmas a estas representaciones que nos venimos formando en nuestras cabezas, hay detrás de ellas un conjunto de historias, creencias y mitos que dan forma a nuestro actuar cotidiano.

 Por algo, los publicistas se apoyan en estas representaciones porque saben que lo importante no es la realidad, sino la percepción de la realidad. Surge de aquí aquello de cría fama y échate a dormir; o aquel dicho de que una mentira pronunciada mil veces se acaba creyendo como si fuera verdad.

 Los paradigmas acaban dando forma a lo que vemos, de allí que aquello de que “para creer hay que ver” se ha convertido en lo inverso: para ver, hay que creer.

 Hay paradigmas desconectados de la realidad que son parte de firmes convicciones, como dijo un pensador inglés: “La Reyna Isabel ha de creer que todo el mundo huele a pintura fresca”. En nuestros países latinos, los políticos de alta jerarquía no entenderán jamás por qué los ciudadanos nos quejamos de problemas de tránsito, a ellos les despejan el camino.

Una auténtica guerra de paradigmas es la que viven las sociedades del mundo entre la ideología de izquierda y la de derecha. Aunque niegan los extremos, los de izquierda dicen creer en un mundo caracterizado por la igualdad donde no existen pobres, ni carencias que matan de hambre a la humanidad.

La caída del Muro de Berlín y el fracaso de la Unión Soviética han desacreditado este paradigma. Aún así, en la primera década del siglo XXI, es decir, cien años después del inicio de la Revolución Socialista, todavía hay quienes creen en ella, no obstante que en China, ni los herederos de Mao-Tsé-Tung la siguen.

Por otro lado, los extremistas de la derecha que creen en la libre empresa y en la libertad a ultranza, han generado una sociedad donde los millonarios se han duplicado en la década 1995-2005 para alcanzar la cifra de diez mil millonarios en dólares (según Merrill Lynch) a la vez que la pobreza alimentaria crece al máximo histórico. Estos datos buscan producir la reflexión ¿quién tiene la razón?

En la práctica, debemos ver a la izquierda y derecha en un continuo que se combina en diversos grados.

Algunos falsos profetas de la izquierda propiciaron la nacionalización de la Banca Mexicana en 1982 ocasionando un desmoronamiento de la confianza social en las instituciones y provocando una caída de la cual no se recupera en su conjunto la economía mexicana.

Pero no aprendemos, veinticinco años después, vivimos lo mismo en Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

Un paradigma en proceso de erosión es aquel que afirmaba que las grandes empresas trasnacionales sólo podían ser dirigidas por individuos nacidos en el país de origen; es decir, General Motors por un estadounidense, la Volkswagen por un alemán, la Ferrari por un italiano, etc.

En los últimos años esto ha venido cambiando al nombrar a Carlos Ghosn (un brasileño) como director de Renault – Nissan el consorcio francojaponés del automóvil.

En Casio, la empresa de calculadoras, han manifestado estar dispuestos a que alguien diferente a la familia fundadora dirija el negocio, afirman: “El trabajo tiene que ser para la persona más capacitada”.

Un paradigma empresarial poco dispuesto a morir es el que consiste en la estructura vertical basada en funciones organizacionales: ventas, finanzas, logística, etc. Este viejo y anquilosado paradigma provoca el acaparamiento de poder por quienes tienen áreas más cargadas de personal y presupuesto. A cambio, se debilitan áreas que cuentan con unas cuantas personas y que tal vez hacen las aportaciones más significativas para el crecimiento de la empresa, como sería el caso de investigación y desarrollo.

El nuevo paradigma de la administración por procesos no está siendo aceptado; por los cambios que representa. En este nuevo enfoque, el gerente funcional pierde poder para cederlo a los equipos de proceso y al líder propietario del proceso; sin embargo, la organización como un todo se vuelve más efectiva y gana en competitividad.

Al interior de las empresas, un paradigma reinante es el que considera que lograr una mejor calidad implica costos más elevados. Este paradigma fue destronado por el Dr. Edwards Deming, quien demostró desde 1950, con una nueva metodología, que no sólo es posible sino lo mejor para la empresa y sus clientes, lograr mejor calidad disminuyendo costos mediante la aplicación de un nuevo estilo gerencial y el uso de herramientas estadísticas que permiten controlar los procesos, evitando dispendio de recursos y disminución de retrabajos.

A partir de Deming, se fue configurando una nueva cultura empresarial basada en el trabajo en equipo y la participación comprometida de los trabajadores. Su enfoque demostró el mayor de sus éxitos cuando los sindicatos japoneses que decidían irse a la huelga, en vez de parar la producción, se ponían un brazalete como símbolo de su protesta y trabajaban con mayor entusiasmo para demostrar al patrón que estaba en un error y era injusto no considerar su petición.

Aún después de más de 50 años, este paradigma solamente ha penetrado en empresas de clase mundial.

Entonces ¿qué pasa con la mayoría de empresas, aquellas que no son de clase mundial? Pues bien, esas siguen basadas en el paradigma del mando y el control, el de la voz única, de la decisión definitiva.

Tenemos que reflexionar si la falta de estos cambios no es una fuente limitante al progreso de la competitividad. Un dato revelador es el que nos informa del creciente número de países que exportan cada vez más a los Estados Unidos mientras que los países latinoamericanos exportamos cada vez menos.

Un paradigma que va transformándose lentamente, aunque todavía sin triunfar del todo, es el que rechaza a las mujeres en puestos directivos. Richard Nixon lo dijo claramente:

No creo que las mujeres deban ocupar puestos en el gobierno bajo ningún motivo… la razón principal es que son erráticas y emocionales. Los hombres también, pero es más probable que la mujer lo sea.

Aún en pleno siglo XXI vemos corporaciones importantes donde no figura una sola mujer en la Alta Dirección.

Otro paradigma, es el que se da en los hogares. Hay padres (y maridos) mandones que le pegan a sus hijos y sólo aprecian “al bien portadito”. Se sienten con derecho a decidir el futuro de sus hijos, no permitiéndoles escoger carrera profesional, ni trabajo.

Esto se confronta con el paradigma moderno, donde los padres alientan el desarrollo de sus hijos, los involucran en decisiones familiares y respetan sus elecciones que definirán su futuro.

En fin, la guerra de paradigmas -en nuestra mente- se da en todos los terrenos.

Un último caso, es el de elección de la pareja para el matrimonio. En muchas sociedades los padres escogen a la futura esposa y como dice Deepak Chopra “Primero nos casamos, después nos enamoramos”.

En otras sociedades vivimos el paradigma opuesto.

¿Cuál es mejor? ¿Cómo saberlo? No es lo importante aquí, en cambio sí lo es, la reflexión de que vivimos una auténtica guerra de paradigmas y mientras tengamos el poder de elegir nos iremos forjando un destino a la medida de nuestros sueños, apreciando el valor de esclarecer desde cuál paradigma sostenemos nuestros puntos de vista.

Después de todo ya lo dijo Jean Paul Sartre:

«La única verdadera libertad que tiene el hombre, es la de elegir sus propias cadenas».

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Alfredo Esponda Espinosa
alfredo-esponda@cencade.com.mx
www.elearningcencade.com.mx

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